y el regreso de la extrema derecha
Autor: Esdras Dionisio
Inventamos horrores para ayudarnos a sobrellevar aquellos que sí son reales. (Stephen King)
Con el triunfo de Lula da Silva, el actual presidente de Brasil y ganador de las mismas elecciones el pasado domingo llevadas a cabo en el gran gigante de América. Con esta victoria el continente parece volver a respirar un poco en tema de Derechos Humanos y el resguardo de la madre tierra. Tal respiro no quiere decir que los discursos y políticas de extrema derecha desaparezcan, ya que el problema va más allá de lo político; se remonta a la idea de temerle a algo que no podemos controlar, que se propaga como un virus.
La idea de no ser parte de los apestados, más allá de ser aún un miedo social, es solo ese recuerdo biológico del pasado que guardamos en nuestro ADN, de ese pasado neandertal, donde quedarse solo era extinguirse. Ese mecanismo de supervivencia, esa huella genética de neandertales, nos da ese mismo miedo a morir de frío y de hambre lejos del grupo o, peor aun, a ser devorados por un animal salvaje; es el mismo que hoy nos hace seguir las corrientes predominantes en nuestra área geográfica, comunitaria o nacional, ese mismo que nos aleja del pensamiento crítico propio, gestado desde nuestras propias convicciones y principios. Ese mismo instinto se acopló al tecno feudalismo. Ahora el temor ya no es quedarse fuera del grupo, de la cueva; ahora mutó al miedo a quedarse fuera del algoritmo, de la era que nos ha tocado vivir, la era tecnológica.
¿Por qué volvió la extrema derecha?
Podríamos indagar en varios temas sociológicos, antropológicos, incluso políticos, pero solo basta ver cómo cada vez más la sociedad actual está más preocupada por tener el último iPhone, la última colección de una lujosa casa de modas, el apartamento en una lujosa zona de la ciudad, todo con el fin de demostrar que estamos logrando lo que se espera, lo que nos demandan estos tiempos, pero, sobre todo, lo que vemos en redes sociales, esas vidas perfectas y abundantes.
Lo cual ha causado el desgaste de varios individuos que, al no poder cumplir estos grandes retos, cada vez más imposibles -derivado a que realidades económicas no se lo permiten- se crearon estas metas inalcanzables que produjeron el espacio perfecto para crear un nuevo virus, tan temido como el COVID-19 y tan irreal como el virus zombie.
Aunque este concepto nace de las películas utópicas de los años 1930, White Zombie, o la más conocida, de 1968, La noche de los muertos vivientes, y la reconocida saga de Resident Evil, las cuales marcaron en la psique cultural actual el concepto del zombie; su amenaza hoy nos da ese miedo a no ser parte del reino tecnológico. Pero no desde la superficialidad, sino desde el miedo a uno de los peores destierros que el individuo de la actualidad puede sufrir: el destierro digital.
Lo cual creó un espacio perfecto para que la extrema derecha tomara ese miedo y lo mezclara con la inseguridad, la falta de empleo y la falta de garantías.
¡Pero le hacía falta un enemigo interno a quien atacar!
Un equivalente a infectarse con el virus zombie… al cual la derecha moralista llama virus woke y al cual la izquierda sectaria capitalizó. Este virus fue presentado por la derecha moralista como aquel que convierte a la virtuosa y sumisa mujer en la zombie feminista que odia a los hombres; a los hombres viriles, masculinos, en zombies homosexuales amanerados y, lo peor, a los niños en niñas y a las niñas en niños, arruinando así el pilar de la cultura y la civilización: la familia.
La mayoría de los guatemaltecos venimos de familias construidas bajo un modelo heterosexual cristiano, lo cual, al decirnos la derecha moralista que el virus woke arruinará nuestra cultura y uno de nuestros mayores refugios, como lo es la familia, nos pone en alerta e inmediatamente genera un temor a contraer este virus tan irreal, pero malévolo, que arruina sociedades; propagado principalmente por nuestro nuevo sistema tecnofeudal, con sus redes sociales.
El cual acompaña los discursos de la extrema derecha y que le ha dado el triunfo en elecciones democráticas a la extrema derecha en Colombia, Perú, Ecuador, entre otros países de la región.
El virus zombie irreal no se gestó en la mente, se gestó primero en el cuerpo.
El COVID-19 fue un suceso virológico que nos enseñó el poder de destrucción que puede causar una epidemia y, aunque no tenga pruebas, creo que fue diseñado para este momento, lo que dio como resultado el resurgimiento de monstruos horroríficos que creíamos extintos, como lo son el fascismo, el racismo, la homofobia y la misoginia.
Antes del COVID-19 se miraba a los movimientos sociales que hoy toman las derechas conservadoras como enemigos internos. ¡Cómo fue posible que simples movimientos sociales se convirtieran en una especie de virus mortal y lo llamaran woke! Y que ahora pueda ser equiparado al virus zombie bajo una psique cultural colectiva cada vez más alerta. Podemos ver cómo esa amenaza digital puede destruir todo lo conocido y amado.
Sin embargo, la mortandad y el caos que dejó el COVID-19 crearon la base para temerle a lo nuevo. Desde tiempos antiguos, la humanidad ha buscado un enemigo interno al cual culpar para argumentar sus errores: los antiguos romanos, a los cristianos; los cristianos, a los paganos; los nazis, a los judíos; el Estado guatemalteco, con su plan de tierra arrasada, a los mayas ixiles de los años 80.
¿Qué podemos sacar de todo esto?
Esto nos ayuda a reflexionar y comprender cómo el resurgir de la extrema derecha no se dio de un día para otro; fue un proceso gradual que conllevó varios acontecimientos que, mezclados con religión, miedo social y fobias, dieron un resultado político.
Si decimos que la culpa de la hambruna y la pobreza del país es el castigo divino de una deidad que aborrece a un grupo de la sociedad por sus prácticas sexuales, religiosas o posturas políticas, quitamos del foco que los recursos ya existentes, que es el mismo Estado y sus corruptos, nos están robando y justificándolo como un castigo divino, cooptando así a los más jóvenes y sectores más vulnerables, carentes de educación y oportunidades laborales.
Maldijiste al hombre, maldijiste la existencia, maldijiste a esta Tierra, pero nunca te atreviste a cuestionar tu código. Tus víctimas aceptaron la culpa y siguieron luchando, recibiendo tus insultos como premio por su martirio, mientras seguías sosteniendo que tu código era noble, pero la naturaleza humana no era lo suficientemente buena como para practicarlo. (Ayn Rand. (1961). La virtud del egoísmo.)