Salud integral para las mujeres

Atender, acompañar y cuidar como un asunto público

Autor: Alejandra TeleguarioInstagram: @ale_teleguario – Email: mateleguario.juventudes@gmail.com – Editorial: youngfortransparency@gmail.com

Hablar de la salud de las mujeres en Guatemala no debería sentirse como una deuda pendiente con nosotras, pero lo sigue siendo. Este 28 de mayo, en el marco del Día de Acción por la Salud de las Mujeres, es necesario tener presente una premisa: el bienestar integral de las mujeres sigue dependiendo de la voluntad política, los recursos asignados y la institucionalidad pública a favor de nuestros derechos humanos.

Ser niña o mujer joven en un país como el nuestro implica transitar una etapa llena de preguntas y decisiones importantes. Por eso, el acceso a información clara, a servicios de salud y a una atención respetuosa y diferenciada, debe ser parte de las condiciones básicas para vivir en bienestar. La salud integral inicia cuando una niña conoce su cuerpo sin miedo, cuando una adolescente recibe orientación para tomar decisiones informadas sobre su proyecto de vida, y cuando una mujer joven encuentra en los servicios de salud un espacio seguro, digno y libre de prejuicios.

La prevención y la atención temprana de la salud deben verse como una forma de cuidado colectivo, especialmente cuando se impulsan desde un enfoque de género. El cáncer cervicouterino demuestra cómo actuar a tiempo puede cambiar la vida de muchas mujeres si existe información clara, acompañamiento comunitario y acceso oportuno a los servicios de salud. La vacunación contra el VPH en adolescentes, puede reducir significativamente el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer en la vida adulta, por lo que debe formar parte de una estrategia integral que articule información sobre salud sexual y reproductiva con enfoque de juventudes, inmunización y control del cáncer. De igual forma, el cáncer de mama evidencia la urgencia de fortalecer los diagnósticos tempranos, acercar los servicios a las mujeres y construir rutas de atención claras, evitando que una enfermedad transforme por completo nuestras vidas.

Actuar a tiempo no debería limitarse a evitar o detectar una enfermedad. También implica reconocer que la salud integral de las mujeres se construye todos los días. La salud mental importa, porque hay mujeres que viven ansiedad, depresión o violencia, sin redes de apoyo ni atención oportuna. La salud nutricional importa porque nuestras condiciones económicas y falta de información limitan el acceso a una alimentación adecuada. También importa la posibilidad de recibir orientación, prevención y acompañamiento antes de que exista una emergencia. Hablar de salud integral, es reconocer que nuestras vidas merecen tiempo, respuestas, bienestar y oportunidades.

Para muchas mujeres, el acceso a la salud atraviesa varias condicionantes. No se trata de falta de voluntad. La atención privada puede ser inaccesible por sus altos costos, mientras que el sistema de salud público aún enfrenta limitaciones para responder de manera oportuna a nuestras necesidades. El centro de salud puede quedar lejos, el transporte puede ser limitado, las tareas de cuidado pueden ocupar todo el día y el miedo al personal de salud puede pesar más. Además, factores como el idioma, la identidad étnica, la edad, la condición económica, o una discapacidad, pueden condicionar la calidad de la atención que reciben.

En ese contexto, también es necesario nombrar la violencia institucional como una barrera importante. Ésta aparece cuando una mujer busca atención y recibe indiferencia, cuando no se le explica un procedimiento, se minimiza su dolor, se le niega información, o se le hace sentir culpable. La violencia obstétrica, por su parte, se expresa en regaños, burlas, procedimientos sin consentimiento, trato deshumanizado o decisiones tomadas sobre el cuerpo de una mujer sin escucharla. Estas prácticas son una completa vulneración a los derechos humanos y se pierde la confianza en los servicios y sus prestadores, alejando a muchas mujeres de la atención que necesitan.

Por eso, articular los cuidados, derechos y autonomía de las mujeres entorno a la salud, no solo es una consigna, representa una serie de exigencias a un sistema público de salud que debe tener la capacidad de prevenir, atender y acompañar con dignidad. Por eso, es necesario reconocer que cuidar la salud de las niñas y las mujeres es sostener nuestras vidas, también fortalece el tejido social y las comunidades que se benefician cuando cada persona cuenta con condiciones reales para vivir, decidir y crecer con bienestar.

La salud de las mujeres es una responsabilidad pública, una deuda histórica y una urgencia que no puede seguir esperando.

Sobre el Autor: Alejandra Teleguario, joven quetzalteca, feminista, internacionalista, investigadora y facilitadora en temas de género, juventudes y derechos humanos.

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