Liderar cuando el mundo retrocede

Lo que Afganistán nos recuerda sobre el valor de nuestra voz

Por: Marolen Martínez

Este fin de semana estuve disfrutando de la fiesta de FILGUA, viendo a tantas mujeres presentando sus libros, viviendo una fiesta literaria en libertad — y eso me llevó a reflexionar sobre nuestra realidad y la de miles de mujeres en otros países.

Hay noticias que deberíamos poder leer con distancia, como quien observa un mapa lejano. Y hay noticias que, si las leemos con atención, nos obligan a mirarnos primero.

Esta semana, mientras revisábamos cifras de crecimiento y estrategias de marca para esta edición, llegó una noticia que no cabe en una columna de negocios y sin embargo tiene todo que ver con el liderazgo: en Afganistán, miles de mujeres funcionarias públicas recibieron la noticia de que ya no cobrarán salario alguno. No por bajo desempeño. No por recorte presupuestario. Sencillamente, por ser mujeres. Los libros escritos por mujeres desaparecieron de las bibliotecas. Un nuevo decreto codifica los matrimonios infantiles y les cierra, aún más, la puerta de salida.

Leer esto desde Guatemala, desde un escritorio donde podemos decidir, opinar, emprender, publicar, es un privilegio que rara vez nombramos. Y todo privilegio no nombrado corre el riesgo de convertirse en algo que se da por sentado.

Por eso, hoy quiero hablarles de liderazgo desde otro ángulo. No el liderazgo de las metas trimestrales ni el de los equipos de alto rendimiento —ese lo trabajamos con frecuencia— sino el liderazgo como responsabilidad ante la propia voz.

Stephen Covey, en su libro El 8º Hábito, lo explica con una claridad que hoy cobra un peso distinto: la verdadera grandeza no está en ser eficiente, sino en encontrar la voz propia —y usarla para ayudar a otros a encontrar la suya. En Afganistán, a millones de mujeres se les ha arrancado ese derecho por decreto. Aquí, muchas veces, se lo arrancamos nosotras mismas: por miedo, por costumbre, por no saber qué hacer con un espacio que sí tenemos.

Liderar, entonces, no es solamente dirigir un equipo o fundar una empresa. Es ejercer, con plena conciencia, lo que a otras se les niega por la fuerza. Es publicar el artículo, dar la conferencia, corregir el error del proveedor, exigir el trato justo, enseñarle a la hija o a la aprendiz que su opinión importa.

Tres preguntas para esta semana

  • ¿En qué espacio de mi vida tengo voz y, sin darme cuenta, la he estado callando?
  • ¿A quién podría yo ayudar hoy a encontrar la suya?
  • Si supiera que mañana me la quitan, ¿qué haría hoy con ella?

No hace falta cruzar el mundo para practicar el liderazgo que de verdad importa. Basta con no dar por sentado lo que, a tantas mujeres, en este mismo instante, se les niega.

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