Por: Marolen Martínez
Un recorrido por el libro testamento de uno de los científicos más grandes de la historia, y por qué su advertencia sobre la inteligencia artificial sigue siendo la más urgente de nuestra era.
Hace unos años, cuando vi la película sobre Stephen Hawking (La Teoría del todo, 2014), algo en mí se quedó enganchado. No pude dejarlo ahí. Quise saber más, entenderlo mejor, y una de las cosas que hice fue leerlo. Quizás tú también lo conoces, viste su biografía o has leído alguno de sus libros. Y si no, espero que estas líneas sean una buena razón para hacerlo. Recientemente he vuelto a algunas páginas de su último libro, y cada vez que lo hago me encuentro con algo que me obliga a detenerme: una idea, una advertencia, una pregunta que no tiene respuesta fácil pero que no podemos seguir ignorando. Es por ello por lo que decidí escribir estas líneas.
Y les confieso algo: mientras lo leía, por alguna razón recordé cuando siendo adolescente leí las profecías de Nostradamus y también vi la película en 1994. Recuerdo la mezcla de fascinación e inquietud que sentí al ver cómo aquel hombre del siglo XVI parecía describir, con imágenes crípticas y oscuras, sucesos que aún no habían ocurrido. Hawking, por supuesto, no es un profeta ni habla en metáforas: es un físico que trabaja con datos, modelos y probabilidades. Pero algo en la experiencia de leerlos se parece: esa sensación de que alguien, desde su propio tiempo y con sus propias herramientas, estaba mirando más lejos que todos los demás. Y que lo que veía no era tranquilizador. La diferencia es que Hawking no nos deja en el misterio: nos da argumentos, nos explica por qué, y nos dice que todavía estamos a tiempo de hacer algo al respecto.
Hay libros que se leen. Y hay libros que se escuchan. Breves respuestas a las grandes preguntas de Stephen Hawking, pertenece a esta segunda categoría. Porque al leerlo, es imposible no imaginar la voz sintetizada de aquel hombre que habitó durante décadas un cuerpo casi inmóvil —y desde ahí, con la mente más libre que probablemente haya existido en el siglo XX— se atrevió a responder lo que nadie más se animaba a decir en voz alta.
Publicado en octubre de 2018, meses después de su muerte en marzo del mismo año, el libro es su último regalo al mundo. Hawking falleció antes de terminarlo, y fueron sus colegas académicos, su familia y el Stephen Hawking Estate quienes completaron el manuscrito. Lo que quedó es una obra que combina la precisión del científico con la franqueza del hombre que ya no tenía nada que perder: un libro que habla de Dios, del universo, del futuro de la humanidad, y de una tecnología que podría redefinirlo todo.
Diez preguntas que nadie sabe responder del todo
La estructura del libro es elegante en su sencillez: diez preguntas, un capítulo cada una. Y no son preguntas fáciles. ¿Existe Dios? ¿Cómo comenzó el universo? ¿Hay otras formas de vida inteligente en el cosmos? ¿Podemos viajar en el tiempo? ¿Sobrevivirá la raza humana en la Tierra? ¿Deberíamos colonizar el espacio? ¿Hay que temer a la inteligencia artificial?
Cada respuesta está construida a partir de un archivo inmenso: medio millón de palabras de conferencias, ensayos y discursos acumulados a lo largo de décadas. No es un libro de fórmulas ni de ecuaciones. Es, en todo caso, el retrato del pensamiento de un hombre que nunca dejó de preguntarse por qué existimos y a dónde vamos. Es como que tu te preguntes ¿por qué te llamas como te llamas o por qué naciste en la fecha y hora que lo hiciste?
Los primeros seis capítulos se mueven en el territorio natural de Hawking: los agujeros negros, el Big Bang, los multiversos, la posibilidad de vida extraterrestre. Pero es en los últimos cuatro donde el libro cobra una dimensión diferente, más humana y más inquietante. Ahí Hawking habla de nosotros: de nuestras guerras, de nuestro planeta en crisis, de nuestras ambiciones tecnológicas.
«Mientras hay vida, hay esperanza.»
— Stephen Hawking, en su introducción al libro
El científico que aprendió a vivir sin tiempo
En la introducción del libro, Hawking confiesa algo que pocas personas saben: fue un estudiante indiferente. Nada en él anunciaba al genio. Fue el diagnóstico de ELA —esclerosis lateral amiotrófica— a los 21 años lo que transformó su relación con el tiempo. Los médicos le daban dos años de vida. ¡Vivió cincuenta y cinco más!
Esa experiencia impregna cada página del libro. Cuando Hawking habla del futuro de la humanidad, lo hace con la perspectiva de quien sabe, íntimamente, lo que significa vivir en los límites. Y cuando urge a los jóvenes a mirar hacia las estrellas y no hacia sus pies, a no rendirse, a dejar volar la imaginación, no está recitando frases de motivación: está hablando desde la única autoridad que no se puede comprar ni fabricar, la autoridad de la experiencia vivida.
La advertencia que no podemos ignorar: la inteligencia artificial
Si hay un tema en el que Hawking fue consistente durante los últimos años de su vida, fue este. En 2014, en una entrevista a la BBC, lanzó una frase que sacudió al mundo científico y al mundo en general: «El desarrollo de una inteligencia artificial completa podría suponer el fin de la raza humana.»
No era una provocación ni un efecto de marketing. Era la conclusión lógica de alguien que pensaba en sistemas, en velocidades y en consecuencias. Su argumento era específico: si una inteligencia artificial llegara a superar la inteligencia humana, podría rediseñarse a sí misma a una velocidad que ningún ser humano podría seguir o controlar. No habría marcha atrás. No habría interruptor de emergencia.
En el libro, Hawking matiza esta posición con una lucidez que evita tanto el catastrofismo fácil como la ingenuidad tecnológica. Reconoce que la IA podría traer beneficios extraordinarios a la humanidad: erradicar enfermedades, resolver la crisis climática, elevar el nivel de vida de millones de personas. Pero insiste en que esos beneficios dependen de una condición fundamental: que la IA sea desarrollada con la misma inteligencia con la que se crea, es decir, con responsabilidad, con marcos éticos sólidos y con conciencia de lo que está en juego.
«La IA podría proporcionar maravillas a la humanidad o causar un desastre terrible», escribe. Y no lo dice como quien especula sobre el futuro: lo dice como quien ha pasado décadas calculando probabilidades y entiende que los escenarios extremos, aunque improbables en el corto plazo, son perfectamente posibles en el largo.
Pero quizás lo más incómodo de su postura no era la advertencia en sí misma, sino lo que exigía de todos: hacerse cargo. A su juicio, desatender los riesgos existenciales por resultar incómodos o políticamente sensibles constituía una irresponsabilidad que la humanidad no puede permitirse por mucho tiempo si quiere asegurar su propia supervivencia y la de las generaciones futuras. Dicho de otro modo: mirar hacia otro lado no es neutralidad. Es una decisión. Y como toda decisión, tiene consecuencias.
¿Y nosotros qué hacemos con esto?
La pregunta no es retórica. Vivimos en un momento en que la inteligencia artificial ya no es ciencia ficción: está en nuestros teléfonos, en nuestros negocios, en nuestros sistemas de salud, en las plataformas que usamos para comunicarnos. Y, sin embargo, la mayoría de las personas —incluyendo quienes tomamos decisiones— seguimos sin tener una conversación profunda sobre las implicaciones de todo esto.
Hawking no pedía que temiéramos a la tecnología. Pedía que la tomáramos en serio. Que le exigiéramos a quienes la desarrollan los mismos estándares éticos que le exigimos a un médico, a un ingeniero, a un legislador. Que dejáramos de tratar la innovación como si fuera neutral por definición.
En ese sentido, este libro no es solo un ejercicio de divulgación científica. Es un llamado a la responsabilidad colectiva. Un recordatorio de que las grandes preguntas —¿hacia dónde va nuestra especie?, ¿quién decide el rumbo? — no pertenecen solo a los científicos. Nos pertenecen a todos. Y esquivar esas preguntas porque resultan incómodas o políticamente complejas no nos exime de sus consecuencias: simplemente nos deja sin voz cuando las decisiones ya estén tomadas.
Un libro para leer despacio
Breves respuestas a las grandes preguntas no es un libro para leer de corrido. Es un libro para leer despacio, con lápiz en mano, deteniéndose en cada pregunta para hacer la propia. Para preguntarse: ¿qué pienso yo sobre esto? ¿Qué mundo estoy construyendo con mis decisiones cotidianas? ¿Qué hay más allá de lo evidente?
Hawking tenía una fe profunda —no religiosa, sino científica y humana— en nuestra capacidad de resolver los problemas que nosotros mismos creamos. Esa fe, viniendo de alguien que vivió casi toda su vida adulta con una enfermedad que lo fue apagando centímetro a centímetro, adquiere un peso moral que pocas voces pueden igualar.
El libro está disponible en español bajo el título Breves respuestas a las grandes preguntas, publicado por Editorial Crítica. Es, sin duda, una de las lecturas más necesarias de este tiempo.
- Datos del libro –
- Título original: Brief Answers to the Big Questions
- Autor: Stephen Hawking
- Publicación: Octubre 2018 · Hodder & Stoughton / Bantam Books
- Edición en español: Editorial Crítica · traducción de David Jou Mirabent