¿Está Guatemala preparada para proteger la lactancia materna?
Autora: Linda Alay Medina –Instagram: @lindamedina__ – Editorial: youngfortransparency@gmail.com
En Guatemala, los mismos diputados que se nombran “provida”, pertenecientes a bancadas como VAMOS, VALOR, UNE, TODOS, Elefante, CABAL, Azul y CREO, rechazaron en febrero de este año la iniciativa de ley 6337 sobre lactancia materna.
Estos legisladores defienden la vida desde el discurso porque en la práctica rechazan iniciativas que buscan crear condiciones que permitan alimentarla, protegerla y sostenerla después del nacimiento.
La contradicción es evidente, ya que proteger la lactancia materna es una forma concreta de cuidar la vida y la salud de la niñez. La leche materna es el mejor alimento durante los primeros seis meses.
A pesar de que la ciencia ha demostrado todos los beneficios de la leche materna, todavía hay personas e instituciones que ven la lactancia como un costo o una dificultad. Cuando llega el momento de garantizar las condiciones para cuidar a un bebé, niegan o limitan los derechos de las mujeres.
El Código de Trabajo reconoce una licencia de maternidad de 84 días, 30 antes del parto y 54 después, equivalentes a 12 semanas. Aunque muchas personas crean que es bastante tiempo, de hecho, Guatemala se encuentra por debajo de las 14 semanas que establece el Convenio 183 de la Organización Internacional del Trabajo.
Además, no todas las mujeres logran ejercer plenamente este derecho. La informalidad laboral, el desconocimiento, las presiones y el incumplimiento de la ley provocan que algunas deban trabajar hasta pocos días antes del parto y regresen incluso un mes después.
Cuando vuelven al trabajo, encuentran otras dificultades. Algunas tienen cargas laborales que les impiden extraerse leche. Otras no cuentan con un espacio privado, limpio y adecuado para hacerlo. En ciertos lugares ni siquiera se respeta el período de lactancia reconocido por la ley.
¿Bajo qué excusa? Que garantizar estos derechos representa una carga o una pérdida para las instituciones y las empresas. Sin embargo, como país todavía no comprendemos que proteger la lactancia materna también genera beneficios sociales y económicos.
Cuando un bebé recibe leche materna puede enfermarse con menor frecuencia, esta favorece su nutrición y desarrollo. Esto contribuye a reducir el ausentismo laboral relacionado con su cuidado. Para las madres, la lactancia se relaciona con un menor riesgo de cáncer de mama y de ovario. Además, una trabajadora puede sentirse más respaldada con un lugar que respeta sus derechos y reconoce el cuidado como una necesidad humana.
Proteger la lactancia materna no debe verse como un favor hacia las mujeres. Requiere el apoyo de las familias, las parejas, las jefaturas, las instituciones y el Estado. La decisión de amamantar es de la mujer, pero las condiciones para hacerlo son una responsabilidad compartida.
¿Cómo podemos conseguirlo? Dentro del Estado existe una instancia especializada: la Sección de la Mujer Trabajadora del Ministerio de Trabajo y Previsión Social. Esta brinda acompañamiento para implementar la Iniciativa de Espacios Amigos de la Lactancia Materna en centros de trabajo o estudio. Incluso otorga una certificación oficial, cuando la institución cumple con los diez pasos establecidos.
Promover la lactancia materna no puede ser únicamente responsabilidad de las mujeres. Se necesita una Ley de Lactancia Materna que garantice el tiempo, espacios adecuados, información y compromiso institucional. Todas y todos debemos aprender sobre la lactancia materna, porque protegerla también significa cuidar la vida.