La USAC: una universidad que resiste

Autor: Jennifer Paniagua – X: @jennypaniagua01 – Instagram: @jenny_paniagua01 – Facebook: @jennifer.paniagua.73
Editorial: youngfortransparency@gmail.com

La Universidad de San Carlos de Guatemala no es únicamente un centro de estudios. Es un símbolo de pensamiento crítico, de resistencia y de construcción democrática. Sin embargo, hoy atraviesa uno de los momentos más críticos y complejos de su historia reciente. La crisis institucional que enfrenta no es un hecho aislado, sino el reflejo del deterioro profundo de la autonomía universitaria, de sus mecanismos de gobernanza y la ilegitimidad de las autoridades que hoy la tienen cooptada.

Lo que ocurre en la USAC no puede leerse con indiferencia. La cooptación de espacios académicos, la imposición de decisiones cuestionadas y la ruptura del diálogo con los sectores estudiantiles han generado un ambiente de tensión que trasciende las aulas. La universidad pública, que debería ser un espacio plural y democrático, se ha visto atrapada en dinámicas que contradicen su propia esencia.

Frente a este escenario, los estudiantes han demostrado que la universidad sigue viva. No desde la pasividad, sino desde la acción. Las jornadas multidisciplinarias impulsadas por distintos colectivos estudiantiles son muestra clara de ello: espacios donde convergen el derecho, la ciencia, el arte, la comunicación y la investigación para defender la universidad desde el conocimiento. Estas jornadas no solo visibilizan la problemática, sino que construyen alternativas, generan pensamiento crítico, reafirman el papel de la academia como motor de la transformación social y demuestran la calidad de estudiantes que integran dicha universidad.

Asimismo, cada una de las manifestaciones realizadas por los estudiantes ha sido de manera pacífica. Han destacado por una manifestación realizada desde la organización del amor a la universidad y la rabia que la imposición ilegítima del rector provoca. Entre música, bailes, poemas, carteles y consignas, puede percibirse la resistencia de cada uno de los estudiantes conscientes de la universidad.

Es importante entender que la defensa de la USAC no es únicamente estudiantil, es una causa nacional. La universidad pública ha sido, durante décadas, una de las pocas instituciones que han permitido movilidad social, formación profesional y producción de conocimiento en Guatemala. Su debilitamiento implica un retroceso colectivo y la erradicación de oportunidades para las nuevas generaciones.

Por ello, el llamado que hago el día de hoy a la población es claro: manifestar. Pero manifestar con responsabilidad, con conciencia y, sobre todo, de manera pacífica. La recuperación de la universidad no puede construirse desde la violencia, sino desde la organización, la presión social y la defensa firme de los principios democráticos.

Desconocer al rector y reconocer el proceso ilegítimo de elección no es un acto de caridad, es el reconocimiento mínimo al esfuerzo de los estudiantes que luchan por una universidad libre, autónoma y sin represión.

Recuperar la USAC es recuperar un espacio que nos pertenece a todos. Es defender el derecho a una educación pública digna, crítica y autónoma. Y es, también, asumir que el cambio no vendrá de otros, sino de quienes hoy, con valentía, deciden alzar la voz. 

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