Día internacional de la juventud
Autor: Michelle Callejas – Instagram: @michelle.callejas_ – Email: Michellecruiz05@gmail.com – Editorial: youngfortransparency@gmail.com
Próximos al mes de la juventud, no puedo evitar pensar en aquella célebre frase que forma parte del poema de Rubén Darío: «Juventud, divino tesoro». ¿Cuántas veces la hemos escuchado? Sin embargo, los tesoros se guardan, se protegen bajo llave y únicamente se contemplan.
Celebraremos el Día Internacional de la Juventud el próximo 12 de agosto, y el resto del mes estará lleno de conmemoraciones. Esta fecha fue designada por las Naciones Unidas en el año 2000 para reconocer el potencial de los jóvenes como agentes de cambio y visibilizar sus necesidades. Pero, ¿qué es en realidad la juventud? Además de ser un periodo de transición entre la adolescencia y la adultez; que está lleno de cambios, en el que se construye una identidad propia y el autoconocimiento, el ser joven en el contexto guatemalteco va mucho más allá. Es un momento en el que balanceamos nuestras responsabilidades y nuestra participación ciudadana.
En nuestro país, los jóvenes existimos en diferentes formas, contextos y realidades que nos hacen únicos. Si nos basamos en los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), las personas entre los 15 y 29 años representamos más de un tercio de la población total de Guatemala. Desde otro punto de vista, somos millones de mentes capaces de transformar lugares de estudio, nuestras familias, comunidades, e incluso llegar a transformar un país que aún no está diseñado para nosotros.
Sin embargo, cabe destacar que incidir y exigir resultados no es algo que estrictamente se limite a una edad. Si bien la juventud formal comprende estas edades, la juventud del alma y el espíritu de transformación permanecen a lo largo del tiempo. Con ello, el deseo de generar un impacto real.
Y aunque ser joven es una etapa para la mayoría hermosa y catalogada como «los mejores años», serlo en Guatemala no es algo sencillo. El día a día de la mayoría se ve dividido entre jornadas laborales extensas, estudios universitarios, estar en busca de una primera oportunidad laboral o emprender; todo esto sin descuidar las responsabilidades del hogar, al mismo tiempo que nuestra edad se intenta instrumentalizar constantemente en discursos políticos sin que realmente se torne en nuestro beneficio.
A pesar de esto, no nos quedamos de brazos cruzados y buscamos dónde incidir: desde voluntariados, creación de redes de apoyo, fundaciones, organizaciones de la sociedad civil, o desde algo más micro, como escribir un artículo. Cuando nos organizamos y pensamos más allá de las diferencias ideológicas, mostramos que el cambio verdadero surge de la colaboración y de exigir soluciones y resultados.
Estando en año preelectoral, nuestro papel es aún más crucial y significa que nuestro rol debe ser activo: informarnos, debatir y sobre todo, cuestionar las propuestas de quienes se postulan a cargos públicos. Frente a un entorno repleto de desinformación, nuestro mayor reto es usar nuestro pensamiento crítico para no caer en discursos vacíos ni dejarnos engañar.
Por lo tanto, la juventud no es un divino tesoro que haya que guardar, sino una divina oportunidad para crear el país que soñamos y merecemos. El futuro no se encuentra lejos, lo estamos construyendo con cada pregunta que hacemos y con cada decisión informada que tomamos.
Sobre el Autor: Estudiante de Comercio Internacional. Facilitadora del idioma inglés, comprometida con la transformación social en Guatemala.