¿Independientes de qué?

Guatemala, 205 años después

Autora: Gabriela Solorzano – Instagram: @gabrielasolorzano_ – Editorial: youngfortransparency@gmail.com

Septiembre llega a Guatemala con banderas, antorchas, desfiles y discursos que nos recuerdan que hace 205 años dejamos de depender de la Corona española. Durante unos días, las calles se llenan de azul y blanco y repetimos, casi de memoria, que somos una nación libre e independiente. Pero, en medio de la celebración, vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿independientes de qué?

No se trata de cuestionar el significado histórico de nuestra independencia, sino de preguntarnos qué tan libres somos hoy para construir el país que queremos. Porque la independencia no debería reducirse a una fecha en el calendario; también debería reflejarse en las condiciones de vida de quienes habitamos Guatemala.

Nuestra realidad política nos obliga a mirar más allá de los colores partidarios. La confrontación, la desconfianza en las instituciones y las disputas por el poder han provocado que muchos jóvenes prefieran desconectarse de la política. Y ahí está uno de nuestros mayores riesgos: pensar que la política no nos pertenece. Nos pertenece, aunque no queramos verla. Cada decisión pública termina afectando nuestro empleo, nuestros impuestos, nuestra educación, nuestra seguridad y nuestras oportunidades.

También está la economía. ¿Qué tan independiente puede sentirse una persona joven cuando conseguir un empleo digno parece una carrera de obstáculos, cuando el salario debe dividirse entre transporte, alimentación, vivienda y otros gastos, y cuando construir un proyecto de vida parece cada vez más lejano? La independencia también debería significar tener oportunidades reales para decidir sobre nuestro futuro.

Y mientras discutimos sobre política, Guatemala enfrenta otra realidad que no podemos ignorar: la inseguridad y el clima. Salir a estudiar o trabajar con miedo, o preguntarnos si podremos regresar a casa, limita nuestra libertad. De igual manera, las sequías, las lluvias intensas y sus efectos sobre los cultivos terminan convirtiéndose en problemas que llegan directamente al bolsillo y a la mesa de las familias. La inseguridad alimentaria continúa siendo una preocupación para millones de guatemaltecos.

Entonces, ¿qué celebramos cada septiembre?

Quizá la respuesta no está en dejar de celebrar, sino en comenzar a entender la independencia de otra manera. Ser independientes también significa informarnos, cuestionar, participar, exigir cuentas y dejar de normalizar aquello que durante años hemos aprendido a soportar.

A nuestra generación le corresponde decidir qué hará con el país que recibió. No podemos cambiar 205 años de historia, pero sí podemos decidir qué historia queremos escribir en los próximos años.

Porque una Guatemala verdaderamente independiente no será aquella que solamente levante banderas en septiembre, sino aquella donde sus ciudadanos puedan vivir, trabajar, expresarse y construir un futuro con dignidad.

La pregunta sigue abierta: 205 años después, ¿estamos realmente construyendo la Guatemala que queremos o simplemente aprendimos a sobrevivir en ella?

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