Entre avances y silencios

Celebran el Día Internacional de la Mujer

Por: Jorge Mazariegos

El Día Internacional de la Mujer es un día de balances. Guatemala muestra avances en los últimos años en la participación política, empresarial y científica de las mujeres. Pero detrás de esas cifras alentadoras persiste una realidad oculta: miles de niñas son madres antes de tiempo. La historia de Lucía, una niña de 12 años de las Verapaces revela la sombra más oscura.

Guatemala, marzo de 2026. La maternidad temprana es un drama silenciado con miles de casos en el país. Organizaciones como La Alianza alertan que la alta tasa de embarazos en niñas y adolescentes frustra el futuro de muchas de ellas. La mayoría de estos casos está relacionada con violencia sexual, pobreza extrema, falta de acceso a la educación y ausencia de educación integral en sexualidad y planificación familiar.

El Día Internacional de la Mujer no puede limitarse a flores y discursos. Es un día para celebrar los avances y conquistas, sí, pero también para abordar la realidad que sigue marcando la vida de miles de niñas y adolescentes. Mientras unas conquistan espacios de liderazgo, otras ven su futuro arrebatado antes de tiempo. El compromiso pendiente es que las luces lleguen a todas, sin importar su edad o lugar de nacimiento.

Maite Marroquín, directora del programa Mujeres BAC, expresa que en muchas organizaciones el liderazgo femenino ya no es una cuota, sino una ventaja competitiva. “Las empresas que integran diversidad en sus equipos toman mejores decisiones y son más rentables. En BAC hemos impulsado un modelo de banca con enfoque de género que combina soluciones financieras y no financieras”, afirma.

Entre las acciones concretas destacan: diseño de productos financieros especializados para mujeres empresarias; programas de capacitación y educación financiera; espacios de networking y comunidad; acompañamiento técnico para fortalecer modelos de negocio; y medición de impacto más allá de indicadores financieros.

“Aún enfrentamos barreras importantes. Entre las principales que observamos desde la banca están la falta de garantías formales, menor acceso a redes empresariales, brecha en educación financiera, limitaciones de tiempo por responsabilidades familiares y dificultades en la formalización de empresas. Por eso el abordaje debe ser integral”, añade.

Diferencias en comportamiento financiero

“Sí existen diferencias puntuales que observamos en la data. En general, las mujeres presentan mayor disciplina de pago, un enfoque en crecimiento sostenible frente al crecimiento acelerado y una reinversión más alta en educación, familia y formalización del negocio. Esto demuestra que la inclusión financiera de las mujeres no solo es un tema de equidad, sino de estabilidad económica”.

Finalmente, la directora del programa Mujeres BAC señala que los avances en el campo económico y emprendedor se reflejan en tres dimensiones:

  • Mayor participación en el ecosistema emprendedor.
  • Acceso a productos financieros con enfoque de género.
  • Un cambio en la conversación: invertir en mujeres como estrategia de sostenibilidad y desarrollo económico.

La historia de Lucía: el pupitre vacío

Lucía tiene 12 años y vivía en una comunidad de las Verapaces. En su mochila no solo cargaba cuadernos; llevaba el sueño de ser maestra. Era la primera de su familia en llegar a sexto primaria con notas sobresalientes. Sus maestros veían en ella una de esas “luces” de las que se habla cada 8 de marzo: una niña con potencial para liderar su comunidad.

Pero un día, el pupitre de Lucía quedó vacío. No fue por enfermedad ni por falta de ganas. Fue la sombra.

Un familiar cercano, aprovechando el silencio de las tardes y la ausencia de sus padres —que trabajaban en el campo—, convirtió su infancia en tragedia. Lucía no entendía los cambios en su cuerpo; sentía miedo, pero el miedo fue silenciado por amenazas.

A los 13 años, mientras sus compañeras ensayaban para el acto del Día de la Madre, Lucía estaba en un hospital convirtiéndose en madre. El cuaderno de caligrafía fue reemplazado por fórmulas de leche y desvelos. La niña que soñaba con ser maestra ahora es una madre adolescente que no pudo terminar la primaria. Su mundo se redujo a cuatro paredes y a un ciclo de pobreza que, sin intervención, puede repetirse en la pequeña que sostiene en brazos.

La historia de Lucía no es un caso aislado. Es el rostro detrás de uno de los miles de nacimientos registrados por OSAR.

Las cifras de OSAR 2025

Según el monitoreo anual del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (OSAR), el año 2025 cerró con cifras que confirman la persistencia de esta crisis en Guatemala.

Se registraron 56,889 nacimientos en niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años. De ese total, 2,101 corresponden a niñas de entre 10 y 14 años.

Según el marco legal guatemalteco, cada uno de estos casos se considera violencia sexual. Ana Victoria Maldonado, coordinadora de OSAR, explica que los datos muestran que la crisis se concentra en regiones con altos índices de exclusión y ruralidad.

En el grupo de 10 a 14 años, los departamentos con mayor registro son: Alta Verapaz (279), históricamente afectado por la ruralidad y barreras lingüísticas; Huehuetenango (305); Quiché (188), donde existe una fuerte correlación entre pobreza extrema y falta de acceso a la justicia; y el departamento de Guatemala (218), donde la densidad poblacional y áreas en condiciones precarias elevan las cifras.

Carolina Escobar Sarti, directora de La Alianza, describe esta realidad como una “muerte civil”: niñas que pierden su infancia y su derecho a la educación.

“Los embarazos infantiles son multicausales: pobreza extrema, violencia normalizada, silencio social y falta de educación integral en sexualidad. Son niñas criando niños cuando deberían tener un libro, una pelota, un cepillo para empezar la vida, pero lo que tienen es un bebé”, afirma.

Explica que estos embarazos responden a factores culturales, sociales y económicos que se transmiten de generación en generación. En casos extremos de pobreza, algunas niñas son vendidas por comida o dinero. Además, la falta de educación integral en sexualidad —que no significa libertinaje, sino responsabilidad y prevención— es un factor clave. En muchos casos, los agresores son miembros de la familia, lo que dificulta el acceso a la justicia y perpetúa el silencio.

Para la niña o adolescente, el embarazo interrumpe su desarrollo y su proyecto de vida: estudio, trabajo y sueños. Para la familia, representa una carga económica adicional y un fuerte estigma social. Para la comunidad y el país, implica la reproducción de la violencia y la impunidad.

La Alianza creó un Centro de Atención Integral para la Primera Infancia (KIP), donde los bebés reciben cuidado especializado mientras las adolescentes continúan actividades propias de su edad. Esto ha mejorado la relación madre-hijo y reducido la desesperación. Sin embargo, al salir del centro, muchas regresan a contextos de violencia y falta de apoyo.

Una conmemoración con memoria y exigencia

Para Ana Lucía Ramazzini, socióloga, es necesario situar el Día Internacional de la Mujer en su dimensión histórica y política. Su origen se encuentra en las huelgas de mujeres obreras y en las demandas por condiciones laborales dignas, derechos políticos y vidas libres de violencia.

“No se trata de una celebración desvinculada de la realidad, sino de una conmemoración que articula memoria, balance crítico y proyección de agenda”, explica.

Esto obliga a examinar las deudas persistentes del Estado y de la sociedad, así como las regresiones en derechos. Implica analizar las condiciones estructurales que afectan a niñas y adolescentes y que derivan en embarazos y uniones infantiles, tempranas y forzadas, asociadas a violencia sexual, desigualdad económica y ausencia de políticas públicas integrales.

Por su parte, Aracely Tórtola Lanuza, investigadora en derechos sexuales y reproductivos, señala que el empoderamiento no ocurre de manera individual, sino en contextos donde los derechos están garantizados.

“Si un país registra altas cifras de niñas embarazadas —que debemos nombrar correctamente como niñas víctimas de violencia sexual— lo que vemos no es una falla individual, sino una falla del Estado, del sistema educativo, del sistema de justicia y de los entornos de protección”.

Añade que solo cuando el Estado cumpla con su obligación de proteger, educar y garantizar justicia se podrá imaginar una generación de niñas y adolescentes que crezcan sin miedo y con la libertad de construir su propio proyecto de vida.

En Revista Mujer de Negocios celebraremos que más mujeres lideren empresas, ocupen espacios políticos y transformen la economía. Pero no se puede ignorar que hay niñas víctimas de un sistema que las condena a la pobreza y al silencio. El embarazo infantil impide que esas futuras mujeres lleguen a los espacios de decisión que hoy celebramos.

El 8 de marzo es un día de doble mirada: celebrar las luces, sin olvidar las sombras. Mientras existan pupitres vacíos como el de Lucía, la conmemoración no puede ser solo fiesta, sino también exigencia de justicia y compromiso social.

Deja un comentario