El liderazgo que heredamos y el que debemos dejar

Lo que el 8 de marzo nos recuerda sobre nuestra responsabilidad como líderes

Ayer fue 8 de marzo. Hubo marchas, publicaciones, discursos y flores. Y en medio de toda esa celebración necesaria, hay una pregunta que vale la pena hacerse hoy, el día después: ¿qué hago yo, concretamente, con el camino que otras abrieron para mí?

Porque el Día Internacional de la Mujer no es solo un momento de reconocimiento hacia el pasado. Es una invitación a mirar hacia adelante con responsabilidad. Las mujeres que lideramos hoy no llegamos aquí solas. Llegamos sobre los hombros de quienes fueron primero: las que fundaron empresas cuando las mujeres no podían abrir una cuenta bancaria sin permiso de su esposo, las que tomaron la palabra en salas donde nadie esperaba escucharlas, las que publicaron, organizaron, exigieron y construyeron en condiciones que hoy nos resultarían impensables.

Ese legado no es decorativo. Es funcional. Y tiene una exigencia implícita: no te quedes con él. Continúalo. Amplíalo. Entrégaselo a alguien más.

«El liderazgo que no se transmite, se extingue.»

1. De dónde venimos: el liderazgo que heredamos

Hace cincuenta años, en Guatemala, una mujer que quería iniciar un negocio enfrentaba barreras legales, sociales y culturales que hoy parecen increíbles. No podía firmar contratos de forma autónoma en muchos contextos. Su presencia en juntas directivas era la excepción, no la regla. Y su voz en espacios de toma de decisión era, con frecuencia, ignorada o minimizada.

Las mujeres que aun así avanzaron no lo hicieron porque las condiciones fueran favorables. Lo hicieron a pesar de que no lo eran. Rigoberta Menchú Tum, desde las montañas de Chimel. Adelina Tattilo, desde una redacción en Roma. Miles de empresarias guatemaltecas sin nombre en los libros de historia, que levantaron negocios, criaron familias, sostuvieron comunidades y abrieron espacios que hoy ocupamos con una naturalidad que a veces nos impide ver el tamaño del regalo.

Ese regalo tiene nombre: oportunidad. Y la oportunidad que no se multiplica, se desperdicia. «No llegamos hasta aquí solas. Y no podemos quedarnos aquí solas tampoco.»

2. Dónde estamos: el liderazgo que ejercemos hoy

Los avances son reales y merecen ser nombrados. En Guatemala, cada vez más mujeres ocupan posiciones de dirección en empresas privadas, instituciones públicas y organismos internacionales. El ecosistema emprendedor femenino crece. Programas como Visionarias VANA, iniciativas como #MujeresBAC y espacios como Revista Mujer de Negocios existen precisamente porque hay una demanda real de mujeres que quieren crecer, aprender y conectar.

Pero los avances conviven con brechas que persisten. Las mujeres aún están subrepresentadas en juntas directivas y en los niveles más altos de la toma de decisiones. Ganan menos en puestos equivalentes. Cargan con una proporción desproporcionada del trabajo no remunerado del hogar. Y enfrentan formas sutiles y no tan sutiles de cuestionamiento que sus pares masculinos rara vez experimentan.

Liderar hoy significa reconocer ambas realidades al mismo tiempo: celebrar lo que se ha ganado y no ignorar lo que falta. Porque la comodidad del avance propio puede volverse, sin quererlo, indiferencia ante el rezago ajeno.

3. Hacia dónde vamos: el liderazgo que debemos dejar

La pregunta más importante que una líder puede hacerse no es «qué logré», sino «¿quién creció gracias a lo que hice?».

El liderazgo con legado no es el que acumula. Es el que multiplica. Y esa multiplicación no ocurre sola: requiere decisión, tiempo y una intención clara de abrir puertas que otros podrían dejar cerradas.

Las mujeres que hoy están en posiciones de influencia —en sus empresas, en sus comunidades, en sus familias— tienen una responsabilidad que va más allá de su propio desempeño: la de ser el eslabón que conecta el camino recorrido con el camino que aún falta recorrer.

«El mejor homenaje a las que vinieron antes no es recordarlas. Es continuar lo que empezaron.»

4. Siete formas concretas de dejar un liderazgo con legado

El liderazgo heredado se honra con acciones concretas, no solo con intenciones. Aquí, siete formas de empezar hoy:

✦  Mentoriza con intención. Identifica a una mujer en tu entorno —en tu equipo, en tu industria, en tu comunidad— que tenga potencial y que necesite una puerta abierta. No esperes a que ella te lo pida. Da el primer paso. El mentoreo informal es una de las herramientas más poderosas y más subutilizadas del liderazgo femenino.

✦  Nombra en voz alta el talento de otras. Cuando estés en una sala donde se toman decisiones, menciona el nombre de mujeres que merecen ser consideradas. Recomiéndalas para proyectos, ascensos, oportunidades. La visibilidad que tú otorgas tiene un valor que ellas solas no pueden generar.

✦  Comparte lo que aprendiste por las malas. Los errores que cometiste, las trampas que no viste venir, las decisiones que tomaste demasiado tarde: ese conocimiento vale oro para quien viene detrás. Compartirlo no te hace vulnerable. Te hace generosa.

✦  Cuestiona las estructuras que te benefician si excluyen a otras. Una cultura organizacional que te funciona bien a ti, pero que sistemáticamente dificulta el avance de otras mujeres —especialmente las de contextos distintos al tuyo— no es un ambiente de liderazgo igualitario. Usar tu posición para señalar esas asimetrías es liderazgo con conciencia.

✦  Invierte en la educación de otras. Ya sea apoyando programas de becas, participando como conferencista o mentora voluntaria, o simplemente recomendando un libro, un curso o un espacio de crecimiento: cada inversión en la formación de otra mujer es una inversión en el futuro colectivo.

✦  Celebra el éxito ajeno sin reservas. La «criminalización del triunfo» —como la llamó Rigoberta Menchú en nuestra entrevista exclusiva— es uno de los frenos más poderosos al avance colectivo de las mujeres. Cuando una gana, ganamos todas. Practicar la admiración genuina en lugar de la envidia es un acto de liderazgo.

✦  Escribe tu historia. Documenta tu trayectoria. Habla de tus inicios, de tus miedos, de tus fracasos y de cómo los superaste. Las historias de mujeres reales son el espejo en el que otras se reconocen y se atreven. Tu historia tiene valor, aunque todavía no lo creas.

5. El día después del 8 de marzo

El 8 de marzo pasa. La responsabilidad no.

Hoy, 9 de marzo, es el día en que la convicción se convierte en acción o se queda solo en sentimiento. El día en que decidimos si el liderazgo que ejercemos va a quedarse en nosotras o va a multiplicarse en las que vienen después.

Las mujeres que cambiaron el mundo —las Rigoberta, las Adelina, las miles que nunca tuvieron portadas ni premios— no esperaron condiciones perfectas. No esperaron permiso. No esperaron que alguien las pusiera primero. Avanzaron con lo que tenían, desde donde estaban, hacia algo que todavía no existía.

Ese es el liderazgo que heredamos. Y ese es el liderazgo que debemos dejar. «La mujer que lidera con propósito no solo transforma su entorno. Transforma el futuro de las que aún no han llegado.»

Antes de cerrar este artículo, te dejamos tres preguntas para llevar contigo esta semana:

→  ¿A quién le debes una puerta abierta que aún no has abierto?

→  ¿Qué aprendiste de la manera difícil que otra mujer no debería tener que aprender sola?

→  ¿Cuál es el primer paso concreto que puedes dar esta semana para dejar un liderazgo con legado?

Deja un comentario