Nostalgia por el pasado

El mensaje político detrás del contenido viral

Autor: Carolina Hernández Melendrez – Instagram: @_carolhm – Email: hmcarol1903@gmail.com – Editorial: youngfortransparency@gmail.com

La política es un pilar fundamental en la sociedad y aunque muchas veces se perciba como lejana, es importante reconocer que también opera en el plano cultural, simbólico y cotidiano; está presente en el diario vivir y por supuesto en el ámbito digital.

Bajo esta lógica, las redes sociales se han convertido en uno de los principales espacios de socialización, formación de opinión y construcción de identidad, especialmente para las juventudes, por lo que el contenido que se consume no solo entretiene; educa, influye, moldea y transmite criterios. Sin darnos cuenta la política está presente en las redes sociales mucho más de lo que parece, incluso cuando el contenido no se presenta como político.

Considerando lo anterior, últimamente se ha popularizado y romantizado una narrativa que, bajo estéticas atractivas como la “energía femenina”, y la “estabilidad y comodidad”, promueven la idea de que la realización femenina se encuentra en ceder, callar y depender, tal como lo proyecta el término “Tradwife”. Detrás de esta aparente nostalgia por lo tradicional, se esconde un mensaje político que busca reordenar el lugar de las mujeres en la sociedad; lo preocupante no es que existan quienes decidan llevar estilos de vida tradicionales, sino que la sumisión se convierta en tendencia aspiracional, especialmente dirigida a mujeres jóvenes que aún están construyendo su identidad personal, social y política.

Las mujeres que nos precedieron no imaginaron un futuro donde las jóvenes volviéramos a dudar de nuestro derecho a decidir.

Responsabilidad histórica

Además, es importante señalar que este fenómeno no surge de la nada, sino que aparece como una reacción a los avances históricos por la lucha de derechos civiles, políticos, laborales y sociales de la mujer; es decir que frente a la incomodidad que esto a veces genera, se intenta reinstalar modelos que garanticen control y obediencia, ahora adaptados al lenguaje digital y al consumo masivo. El mensaje implícito es claro: las mujeres jóvenes no están llamadas a disputar el poder, a cuestionar el orden ni a transformar las estructuras, sino a adaptarse a ellas; en consecuencia, en sociedades donde la participación política femenina ya es limitada y constantemente cuestionada, estas narrativas contribuyen a la desmovilización, al silencio y a la normalización de la exclusión. Sin duda alguna, las mujeres del pasado que vivieron bajo la opresión y la sumisión, no lucharon para que las generaciones futuras regresaran al silencio, sino para que tuvieran como horizonte un futuro más libre y equitativo, el futuro que ellas no tuvieron.

No es una exageración hacer este señalamiento, es una responsabilidad histórica; recordar de dónde venimos, es hoy más que nunca una forma de resistencia. No estamos frente a una elección individual aislada, sino ante un proyecto político que apuesta por mujeres menos libres, menos críticas y menos presentes en espacios para la construcción de un mejor futuro; en este sentido, analizarlo y debatirlo es un acto necesario para evitar que el retroceso se disfrace de tendencia y que la desigualdad se normalice bajo filtros, estéticas y discursos aparentemente inofensivos.

Importante reflexión

Las mujeres que nos precedieron no imaginaron un futuro donde las jóvenes volviéramos a dudar de nuestro derecho a decidir; muchas de ellas crecieron sin voz, sin opciones, sin libertad, y aun así lucharon para que hoy pudiéramos estudiar, expresarnos, participar activamente y elegir nuestro propio camino. Es de total relevancia reflexionar que nuestra libertad no es un exceso ni una moda, es una herencia que nos corresponde ejercer, cuidar y proyectar hacia el futuro.

Sobre el Autor: Estudiante de Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario, del departamento de Petén. Apasionada por la lectura, la historia y el pensamiento crítico.

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