¿Liderazgo de temporada o estilo de vida?
Por: Marolen Martínez
El calendario marca marzo y, de pronto, el mundo parece teñirse de violeta. Las bandejas de entrada se llenan de felicitaciones, las vitrinas se adornan con frases motivacionales y el mercadeo despliega su artillería pesada para celebrar «nuestro mes». Sin embargo, tras dos décadas dedicada a escribir, accionar y trabajar codo a codo con mujeres desde esta plataforma, me asalta una pregunta inevitable: ¿Qué queda cuando el bullicio se apaga?
Hemos caído en la trampa de lo efímero. La lucha por la garantía de nuestros derechos y el reconocimiento de nuestro valor en la economía, la política y la sociedad se ha vuelto, para muchos sectores, un producto de consumo estacional. Es el «efecto marzo»: una explosión de visibilidad que, a menudo, carece de raíz.
Como mujeres de negocios y líderes, debemos ser las primeras en cuestionar esta superficialidad. El liderazgo femenino no es una campaña de marketing; no es un posteo con un hashtag tendencia ni un desayuno de gala una vez al año. El liderazgo femenino es, ante todo, un estilo de vida.
La coherencia como moneda de cambio
En estos 20 años de labor ininterrumpida, he aprendido que el verdadero impacto no se mide en aplausos de una sola noche, sino en acciones permanentes y discursos coherentes.
No podemos hablar de empoderamiento en marzo si el resto del año no generamos políticas de equidad real en nuestras empresas. No podemos celebrar la «sororidad» en redes sociales si en el día a día no practicamos esa sinergia que nos hace invencibles. La brecha de género, la violencia facilitada por la tecnología y los obstáculos en la toma de decisiones no descansan en abril; por lo tanto, nuestro compromiso tampoco puede hacerlo.
Más allá de la superficie
Hacer conciencia hoy significa entender que:
- El liderazgo se ejerce en lo cotidiano: En la mentoría a la colaboradora que empieza, en la negociación justa, en el espacio que abrimos para otras.
- La dignidad no es negociable por clics: Debemos exigir que el reconocimiento a la mujer sea estructural, no ornamental.
- La resiliencia es constante: Ser mujer de negocios en nuestro contexto requiere una valentía que no sabe de feriados.
Un llamado a la acción permanente
Invito a cada lectora a que, ahora que el eco de las celebraciones comienza a desvanecerse, nos miremos al espejo y evaluemos nuestro impacto real. Que nuestro paso por el mundo de los negocios deje una huella profunda, no por lo que dijimos un 8 de marzo, sino por lo que construimos cada lunes por la mañana.
Dejemos atrás lo efímero. Pasemos del discurso a la coherencia. Porque al final del día, las mujeres que realmente transforman la historia son aquellas que entienden que ser invencibles es un compromiso de 365 días al año.