Errar es de humanos

¿La reivindicación del error es nuestra última frontera humana?

Autor: Cynthia Mileydi Cholotío – TikTok: @mileydi_cholotio – Instagram: @mileydi_cholotioEditorial: youngfortransparency@gmail.com

Quizá alguna vez escuchaste la frase «errar es de humanos». Es un refrán que hemos repetido por generaciones, casi como un consuelo ante el fallo, pero hoy adquiere una dimensión mucho más profunda. En un mundo automatizado, el error ya no es solo una debilidad que debemos aceptar; ahora es el último refugio de nuestra autenticidad. Mientras que un sistema de inteligencia artificial está diseñado para predecir el siguiente paso basado en datos estadísticos, el ser humano tiene la capacidad única de desviarse del guion, de dar una respuesta «incorrecta» que, por azar o por intuición, termina convirtiéndose en una innovación.

La historia del progreso no es una línea recta de aciertos, sino un rastro de accidentes afortunados. Desde el descubrimiento de la penicilina, hasta la creación de las recetas icónicas de nuestra gastronomía que nacieron de un descuido en la cocina, el error ha sido el motor de la creatividad. La tecnología no puede «equivocarse» con intención; solo puede fallar por falta de datos. Nosotros, en cambio, transformamos el fallo en aprendizaje y el caos en arte.

Vivimos en la era de la optimización absoluta. La inteligencia artificial redacta informes sin faltas de ortografía, los algoritmos calculan la ruta más eficiente para evitar el tráfico de la ciudad y las máquinas ejecutan tareas repetitivas con una precisión matemática que ningún humano podría alcanzar. En este escenario, parece que el «error» se ha convertido en el enemigo a vencer. Se nos exige ser tan rápidos, pulcros y predecibles como el software que llevamos en el bolsillo. Sin embargo, en esta carrera por la perfección tecnológica, estamos olvidando una verdad fundamental: nuestra mayor ventaja competitiva frente a la máquina no es nuestra eficiencia, sino nuestra bendita capacidad de equivocarnos.

Hoy, la juventud se enfrenta a una presión invisible pero asfixiante. En las plataformas digitales, la vida debe ser perfecta; en el entorno laboral, la productividad debe ser constante y ascendente. Existe un miedo paralizante al fracaso que está sofocando el espíritu emprendedor y experimental de las nuevas generaciones. Si no nos permitimos fallar, terminaremos convirtiéndonos en versiones analógicas de un procesador: funcionales, pero carentes de alma y de visión propia.

Reivindicar el error en la era digital significa entender que la vulnerabilidad no es una debilidad, sino un valor. Una máquina puede fingir empatía, pero no puede sentir la frustración por un proyecto fallido, ni la euforia de levantarte tras una de las peores caídas de tu vida. Es en esa imperfección donde reside la verdadera conexión en un equipo de trabajo o en una familia; lo que nos une no son nuestros éxitos sincronizados, sino el apoyo que nos brindamos cuando algo sale mal.

Lo que realmente está en juego es la autenticidad con la que construiremos el futuro de nuestro país, si permitimos que el estándar de «lo correcto» lo dicte un algoritmo de optimización, habremos perdido la batalla por nuestra esencia. Invertir en las personas hoy, también significa crear espacios donde el error no sea castigado de forma burlona, sino analizado y valorado como una etapa necesaria del crecimiento integral. No somos sistemas tecnológicos que nunca fallan. Al contrario, somos seres que utilizan la tecnología para potenciar sus capacidades, pero que abrazan su naturaleza errática, creativa e impredecible por definición.

La próxima vez que cometas un error, no te sientas menos que una máquina. Recuerda que en ese pequeño desvío de la norma, en ese destello de imperfección, es donde realmente estás demostrando que tu pensamiento es libre. Al final del día, la perfección es propiedad exclusiva de los circuitos cerrados; el futuro, con todos sus tropiezos, nos sigue perteneciendo a nosotros porque somos capaces de aprender de lo inesperado. La humanidad es, en esencia, un error maravilloso que sigue intentando mejorar.

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