Una nueva forma de comenzar el año
Autor: Gabriela Solorzano – X: gabrielass__ Instagram: @gabrielasolorzano_ Editorial: youngfortransparency@gmail.com
El inicio de un nuevo año suele estar acompañado de expectativas: nuevas metas, planes ambiciosos y la sensación de que “ahora sí” todo debería tener claridad. Para muchas personas, enero se convierte en un momento de comparación, en el que se contrasta lo que se logró el año anterior con lo que otros aparentan haber alcanzando, y con una versión idealizada de éxito que parece no admitir dudas.
Sin embargo, la realidad es mucho más humana. La mayoría de las personas inicia el año con preguntas abiertas, caminos a medio construir y una mezcla de ilusión e incertidumbre. Lejos de ser una debilidad, esto puede convertirse en una fortaleza.
Empezar el año sin tener todo resuelto no significa falta de rumbo, sino apertura al aprendizaje. Vivimos en un contexto cambiante, donde los planes se ajustan, las prioridades evolucionan y las oportunidades aparecen de formas inesperadas. En este escenario, avanzar con intención puede ser más valioso que avanzar con prisa.
Este inicio de año no tiene que estar marcado por la perfección, sino por la honestidad personal. Empezar con dudas, pero también con intención
Avanzar con intención implica tomar decisiones conscientes, incluso cuando no se tiene el mapa completo. Significa elegir proyectos, hábitos y relaciones que estén alineados con lo que se quiere construir, no solo con lo que se espera socialmente. En el ámbito profesional y personal, esto se traduce en atreverse a aprender cosas nuevas, cambiar de dirección cuando es necesario y aceptar que el crecimiento no siempre es lineal.
El inicio de año también es una invitación a replantear la forma en que medimos el éxito. Más allá de logros visibles o resultados inmediatos, el progreso real suele manifestarse en pequeñas acciones: mantener la constancia, mejorar habilidades, cuidar la salud mental o establecer límites más sanos. Estos avances, aunque silenciosos, sostienen cualquier meta a largo plazo.
Para las personas, que muchas veces sienten la presión de “aprovechar el tiempo” o “no quedarse atrás”, es importante recordar que cada proceso tiene su ritmo. Compararse puede generar ansiedad y desgaste, mientras que enfocarse en el propio camino fortalece la confianza y la claridad.
Una manera positiva de comenzar el año es plantearse objetivos flexibles y realistas. No se trata de renunciar a los sueños, sino de permitir que evolucionen. Preguntas como: ¿Qué quiero aprender este año?, ¿Qué necesito soltar?, ¿Qué quiero hacer diferente?, pueden ser más poderosas que una lista rígida de propósitos.
Este inicio de año no tiene que estar marcado por la perfección, sino por la honestidad personal. Empezar con dudas, pero también con intención, puede ser el primer paso hacia un año más auténtico y sostenible. Avanzar, incluso sin tener todo resuelto, sigue siendo avanzar; y a veces, empezar así es exactamente lo que se necesita.

