El Eclipse Democrático

Autor: Oscar Fernando Reyes – Editorial: youngfortransparency@gmail.com

Cada 15 de septiembre, el mundo conmemora el Día Internacional de la Democracia. Sin embargo, en América Latina y de manera apremiante en Centroamérica, esta fecha ha dejado de ser una celebración para convertirse en un doloroso recordatorio de lo frágil que es la libertad. Lo que alguna vez se perfiló como la consolidación de un sistema de pesos y contrapesos hoy se enfrenta a un acelerado proceso de autocratización que debilita las bases republicanas y liberales, porque cuando el poder se concentra, la democracia degenera una fachada despótica.

Durante los siglos XIX y XX, la democracia liberal emergió como el sistema político más exitoso en la historia de la humanidad, capaz de generar prosperidad y libertad sin precedentes. Sin embargo, hoy enfrentamos una crisis que amenaza su misma esencia. Según el índice Varieties of Democracy (V-Dem), el nivel de democracia del que goza el ciudadano promedio ha caído a niveles no vistos desde 1990, y la tendencia es particularmente preocupante en América Latina.

En ese orden de ideas, una democracia saludable no se reduce a la emisión periódica del voto. Requiere de tres pilares fundamentales: la participación electoral, de forma activa y pasiva; el marco republicano de separación de poderes con Estado de derecho y la protección pétrea de las libertades individuales.

El panorama centroamericano refleja con claridad este retroceso institucional. En Guatemala y Honduras, el debilitamiento democrático se manifiesta en la opacidad estatal y el constante bloqueo al acceso a la información pública, vulnerando el principio republicano de rendición de cuentas, esto, combinado con la cooptación del sistema de justicia que socavan la confianza institucional, demostrando que sin un verdadero Estado de derecho, la ley se convierte en un instrumento del poder de turno.

Por su parte, Nicaragua representa el caso más extremo de la región. Bajo el régimen de Daniel Ortega, el uso de reformas constitucionales ha desmantelado cualquier indicio de pluralismo, derivando en una autocracia cerrada donde la represión a la prensa y a la sociedad civil borró la libertad de asociación y expresión.

Finalmente, en El Salvador, Nayib Bukele ha emulado la estrategia política del primer emperador romano, César Augusto: mantiene la fachada de las instituciones republicanas para disfrazar la concentración absoluta del poder y el control judicial, desmontando el equilibrio democrático bajo el aplauso popular.

La pérdida de confianza en las instituciones liberales no ocurre por azar. Factores como la descomposición de las élites, el fracaso socioeconómico y la corrupción llevan a una población frustrada a respaldar liderazgos autoritarios.  

Salvar o proteger la democracia no se logra defendiendo instituciones obsoletas, sino transformándolas para que respondan con  seguridad y resultados. Se exige recuperar la independencia judicial, blindar la libertad económica e impulsar un mercado abierto que genere prosperidad real. La ciudadanía solo respaldará la democracia si esta demuestra ser útil para mejorar sus vidas. Este 15 de septiembre, Centroamérica y el mundo deben de reflexionar. La tarea no es resistir pasivamente, sino construir instituciones eficaces que demuestren que la libertad funciona mejor que el autoritarismo.

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