El talento que no se guarda

Lo que aprendí de San Juan Pablo II sobre escribir para los demás

Hay una imagen que no se me ha borrado con los años: la de una niña, alumna todavía, de pie haciendo valla junto a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, esperando ver pasar a un Papa. No recuerdo cada palabra de lo que dijo aquel día en Guatemala. Recuerdo la emoción de la misa. Recuerdo que algo en mí —algo que todavía no tenía nombre— se quedó escuchando.

Han pasado varias décadas. Y ayer, conversando sobre la serenata a La Virgen de la Asunción con mi amiga María José Morales —soprano, fundadora de Querido Arte y una mujer que ha hecho de su voz una forma de servicio— me compartió un texto que removió esa misma emoción de infancia: la Carta que Juan Pablo II escribió a los artistas en 1999. La leí despacio, subrayando frases, como si el tiempo no hubiera pasado entre aquella niña y la mujer que hoy escribe estas líneas.   

Un talento que no es solo nuestro

Hay una idea en esa carta que me detuvo por completo: quien descubre en sí un don —de palabra, de música, de color, de forma— descubre al mismo tiempo la obligación de no dejarlo guardado, sino de ponerlo al servicio de los demás y de toda la humanidad.

No lo leí como una frase bonita. Lo leí como una descripción exacta de lo que ha sido mi oficio.

Escribir, para mí, nunca fue solo un talento personal que cultivar en privado. Desde que descubrí que las palabras podían ordenar el mundo —el propio y el ajeno—, entendí que ese don venía con una tarea adjunta: no era mío para guardarlo. Hoy, cada columna, cada libro, cada programa de radio, cada conferencia frente a un grupo de jóvenes es, en el fondo, la misma pregunta que me hago desde entonces: ¿qué hago con esto que se me dio, para que le sirva a alguien más que a mí?

Escribir para los que vienen detrás

Si algo ha definido los últimos años de mi trabajo es la certeza de que ese «servicio del talento» tiene un destinatario muy concreto: los jóvenes. Con Juntas Invencibles para adolescentes® y Cuidado, hombre en construcción® no me propuse escribir libros que quedaran bien en un estante. Me propuse escribir herramientas —palabras que una adolescente o un adolescente pudieran tomar en un momento difícil y encontrar, ahí, algo de sostén. Y está pasando.

La Carta habla de la belleza como algo que no se agota en quien la contempla, sino que se transmite a las generaciones que vienen. Y pienso en las miles de mujeres que leen cada semana Revista Mujer de Negocios, en las adolescentes que hoy sostienen un libro de Juntas Invencibles, en los jóvenes de Cuidado, hombre en construcción que quizás nunca me escuchen en persona, pero que sí encuentran, en una página, una idea que los acompaña. Ese es exactamente el lugar donde quiero que viva mi talento: no en mí, sino en ellos.

El arte como una forma de fe en las personas

Hay una frase de esa carta que resume, mejor que cualquier cosa que yo pudiera escribir, por qué me dedico a esto: la convicción de que la belleza puede ser una fuerza capaz de salvar. No hablo aquí de salvación en un sentido solamente religioso, sino de algo que cualquiera que haya escrito, cantado o creado algo reconoce: hay palabras que llegan justo a tiempo. Hay una frase leída en el momento correcto que cambia el rumbo de una tarde, de una decisión, de una vida.

Eso es lo que María José hace con su voz. Eso es lo que yo intento hacer con la escritura. Y es, me parece, lo que cualquier mujer que lee esta revista hace también, a su manera, con el talento que le tocó: una empresaria que forma equipos con integridad, una madre que educa con paciencia, una profesional que abre camino para que otras lo tengan más fácil. Todas estamos, sin llamarlo así, poniendo un don al servicio de alguien más.

Mi compromiso, otra vez

Ayer, cuando terminé de leer esa carta, no sentí que descubría algo nuevo. Sentí que se me confirmaba algo que ya sabía, pero que necesitaba escuchar de nuevo: que escribir no es un ejercicio de vanidad ni una vocación que se agota en la satisfacción personal. Es un préstamo. Se recibe un talento y se devuelve, multiplicado, en la vida de otros.

A esa niña que vio pasar a un Papa sin saber todavía que las palabras serían su camino, le debo esta certeza: no hay talento que valga la pena si se queda guardado. Hoy, veinte años después de fundar esta revista, y con dos programas que ya acompañan a miles de jóvenes guatemaltecos, sigo escribiendo por la misma razón de siempre: para que, a alguien, en el momento justo, le sirva.


Marolen Martínez, escritora, periodista y fundadora de Revista Mujer de Negocios. Creadora de los programas de empoderamiento juvenil Juntas Invencibles para adolescentes® y Cuidado, hombre en construcción®.

2 comentarios en «El talento que no se guarda»

  1. Marolen Martinez: Dios bendiga siempre su vida 🙏 y le permita seguir expresando con palabras, todo lo que en su interior guarda para nosotros los que leemos. Y siiii es verdad en su columna estaban justo las palabras que yo necesitaba en este momento.
    Bendiciones le desea Heidy Melgar🫡🫶🙏

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