Veinte años, la misma pasión

20 AÑOS DE REVISTA MUJER DE NEGOCIOS

La historia de una revista que aprendió a transformarse sin dejar de ser ella misma

Por Marolen Martínez

Hay proyectos que se quedan quietos, esperando que el mundo vuelva a parecerse a como era cuando nacieron. Y hay proyectos que aprenden a moverse con el mundo, a cambiar de forma sin cambiar de alma. Revista Mujer de Negocios cumple veinte años siendo, con orgullo, de los segundos.

No fue un plan maestro. Fue una convicción que se sostuvo veinte años: que las mujeres que trabajan, que emprenden, que lideran, que crían, que se equivocan y se levantan, merecían un espacio propio. Un espacio que no las mirara desde afuera, sino que caminara a su lado.

El origen: una revista de papel y de fe

Todo comenzó en 2006. En ese momento, cuando en Guatemala casi nadie hablaba todavía de empoderamiento femenino, nosotras ya habíamos nacido con esa palabra como bandera, aunque el país aún no tuviera el vocabulario para nombrarla. No lo planeamos así, pero fuimos, desde el primer número, visionarias: vimos una necesidad antes de que se volviera conversación pública, y decidimos ocupar ese espacio con papel entre las manos. Durante diez años, hasta 2016, Revista Mujer de Negocios se hojeó, se subrayó, se guardó en carteras y escritorios. Fueron años de construir desde la base: de tocar puertas, de convencer con contenido antes que con cifras, de aprender que una revista no la hace el papel en el que se imprime, sino la honestidad con la que se escribe.

Esos diez años en papel nos enseñaron algo que no se olvida: que el compromiso con las mujeres a las que servíamos tenía que ser más grande que el formato que usábamos para llegar a ellas. Esa lección fue, sin saberlo entonces, la semilla de todo lo que vendría después.

Desde el primer número lo dijimos alto y claro, en una frase que se convirtió en bandera: «Antes, cuando una mujer quería ser exitosa, debía ser 90, 60, 90… ahora, debe ser una mujer de negocios.» No hablábamos de medidas. Hablábamos de correr por completo la conversación: del cuerpo de la mujer a su mente, a su criterio, a su capacidad de generar y de liderar.

La mutación: cuando el medio dejó de ser el mensaje

Volvimos a ser visionarias en 2015. Sin que nadie nos lo pidiera, sin que el mundo nos obligara todavía, empezamos a migrar hacia lo digital: leímos el futuro antes de que llegara. Para 2016 ya estábamos listas. Dejamos el papel y nació www.revistamujeredenegocios.com, nuestra primera casa digital — años antes de que una pandemia obligara a todo un planeta a hacer, de golpe y por necesidad, lo que nosotras ya habíamos empezado a construir con calma y con visión.

En algún momento entendimos que aferrarnos al papel hubiera sido aferrarnos a la forma y traicionar el fondo. Así que mutamos. Así, sin miedo, usando esa palabra: mutar. Porque no fue una evolución cómoda ni lineal, fue una serie de decisiones valientes, tomadas una y otra vez, para seguir siendo relevantes sin dejar de ser nosotras.

Llegó el programa de radio, y la voz —que siempre había estado en el texto— encontró un tono, un ritmo, una cadencia real. Llegaron las entrevistas en televisión, y el rostro de cientos de mujeres guatemaltecas empezó a ocupar un espacio que antes no tenían. Y desde 2018, llegaron los programas de capacitación: la revista dejó de ser solo un espejo que reflejaba a las mujeres, y se convirtió también en una mano que las acompañaba a crecer.

Ahí nació otra de las frases que hoy nos define: «Si tú eres el Yin, nosotros somos el Yang de tu conocimiento.» No llegamos a enseñarle a la mujer guatemalteca lo que ya sabía por instinto o por experiencia; llegamos a complementarlo, a ponerle estructura, herramientas y lenguaje técnico a lo que ya traía dentro.

La prueba de fuego: adaptarse o desaparecer

Y entonces llegó 2020. El mundo se detuvo, pero las mujeres a las que servíamos no podían darse ese lujo: seguían liderando hogares, negocios, equipos, en medio de la incertidumbre. No fue momento de pausar: fue momento de reinventarnos otra vez, más rápido que nunca. Los programas de capacitación se volvieron virtuales casi de la noche a la mañana, y aprendimos —como aprendió el mundo entero— que la cercanía no depende de la distancia física, depende de la intención con la que se construye el vínculo.

De esa adaptación forzada nació algo que hoy es parte natural de nuestra identidad: el streaming en redes sociales. Lo que empezó como una respuesta a la emergencia se quedó como una forma de estar presentes, todos los días, en el lugar donde las mujeres ya estaban conversando.

Veinte años mirando de cerca la evolución de las mujeres

Si algo nos ha regalado este camino es un lugar privilegiado desde donde observar. En veinte años hemos entrevistado a decenas de mujeres —empresarias, líderes comunitarias, profesionales, madres, mujeres que empezaron de cero más de una vez— y hemos llevado programas de capacitación no solo a la ciudad, sino a distintos rincones del país, donde muchas veces esa formación era la primera oportunidad de este tipo que recibían.

Desde ese lugar hemos visto la evolución de la mujer guatemalteca en estas dos décadas: mujeres que antes pedían permiso y hoy toman decisiones; mujeres que antes se disculpaban por liderar y hoy lideran sin pedir perdón por ocupar el espacio que les corresponde. No fue un cambio que ocurrió solo, ni que ocurrió rápido. Fue un cambio construido conversación por conversación, capacitación por capacitación, historia por historia — y tener el privilegio de documentarlo, de amplificarlo, ha sido el honor más grande de estos veinte años.

Lo que no ha cambiado

Cambiamos de formato tantas veces que, vistos desde afuera, podríamos parecer un proyecto distinto en cada década. Pero hay algo que no mutó nunca: el compromiso. La pasión con la que cada entrevista se preparó como si fuera la primera. El impacto que nos propusimos dejar en cada mujer que cruzó nuestro camino, sin importar si fue a través de una página impresa, una llamada de radio, una pantalla de televisión, una sala de capacitación o una transmisión en vivo.

La flexibilidad no fue debilidad. Fue, precisamente, la forma en que protegimos lo esencial.

Gracias

Ninguna trayectoria de veinte años se construye en solitario. Gracias a las marcas que confiaron en este proyecto cuando aún tenía que demostrar su alcance, y que siguieron confiando cuando ya lo había demostrado. Gracias a las agencias de relaciones públicas que abrieron puertas, que creyeron en nuestro criterio editorial y que nos acompañaron a construir alianzas con sentido.

Y gracias, sobre todo, a cada mujer que alguna vez fue parte de esta historia: la que se sentó frente a nuestro micrófono o nuestra cámara, la que llenó una silla en un salón de capacitación, la que compartió su historia sabiendo que serviría de espejo para otra mujer que ni siquiera conocería. Ustedes no fueron el público de Revista Mujer de Negocios. Fueron, siempre, la razón de su existencia.

#SiempreVivas: cuando el compromiso se volvió movimiento

En algún punto de este camino entendimos que no bastaba con visibilizar el éxito de la mujer si no nos comprometíamos también con su derecho más básico: el derecho a estar viva, a estar segura. Así nació #SiempreVivas, nuestro movimiento para disminuir la violencia contra la mujer — una extensión natural de todo lo que somos, porque no existe mujer de negocios, ni mujer líder, ni mujer visionaria posible sin garantizar antes su vida y su seguridad.

Fue ahí donde cobró más fuerza que nunca una frase que llevamos años repitiendo: «Solas, invisibles; pero juntas, invencibles.» Ninguna mujer combate la violencia en soledad, y ninguna revista construye veinte años de trayectoria en soledad tampoco. #SiempreVivas es, en el fondo, la misma convicción que nos hizo nacer en 2006, puesta al servicio de la causa que hoy tiene más urgencia.

Sembrar en las que vienen

Y en 2024 volvimos a mirar hacia adelante, como lo hicimos en 2006 y en 2015. Entendimos que acompañar a la mujer empoderada de hoy no bastaba si no sembrábamos también en la adolescente de hoy, que será la mujer empoderada del mañana. Empezamos a trabajar de forma intencional con población adolescente, convencidas de que ahí, en esa etapa donde se forma la autoestima y se decide qué tipo de mujer se quiere llegar a ser, está la oportunidad real de disminuir las brechas que todavía enfrentan las mujeres guatemaltecas. No se trata solo de celebrar a la mujer exitosa que ya llegó; se trata de caminar, veinte años antes, al lado de la niña que un día llegará también.

Lo que sigue

Veinte años no son una meta, son un punto de partida distinto. El papel se quedó en el 2016, cuando ya habíamos migrado a lo digital por decisión propia; la radio y la televisión abrieron camino; la pandemia nos obligó a reinventarnos más rápido que nunca; las redes sociales nos regalaron inmediatez; y hoy sembramos también en las adolescentes que serán las mujeres del mañana. No sabemos todavía cuál será el próximo formato que aprenderemos a habitar. Lo que sí sabemos es que, sea cual sea, seguiremos siendo la misma revista que empezó en 2006: una que decidió caminar al lado de las mujeres, y que aprendió que la única forma de acompañarlas de verdad era estar dispuesta a cambiar tantas veces como hiciera falta.

Feliz aniversario, Revista Mujer de Negocios.

Gracias por veinte años de mutar sin perdernos.

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