La transparencia comienza con nosotros

Autor: Carolina Hernández Melendrez – Instagram: @_carolhm_ – Email: hmcarol1903@gmail.com – Editorial: youngfortransparency@gmail.com

Cuando escuchamos la palabra transparencia es común pensar en instituciones públicas, rendición de cuentas o lucha contra la corrupción, casi de inmediato dirigimos nuestra mirada hacia quienes ocupan cargos de poder y exigimos honestidad en el manejo de los recursos públicos, y claro que esa exigencia es válida; sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que la transparencia no nace en una oficina gubernamental sino, en las decisiones de cada ciudadano.

Es fácil indignarse por los grandes casos de corrupción que aparecen constantemente en las noticias, pero lo realmente difícil es preguntarnos qué tan transparentes somos en nuestra propia vida. La transparencia también se refleja en acciones cotidianas que aunque parezcan pequeñas hablan de nuestros valores como devolver un dinero recibido por error, cumplir con nuestro trabajo con responsabilidad, respetar el turno en una fila, pagar nuestros impuestos e incluso en negarnos a ofrecer o aceptar un soborno para agilizar un trámite.

Estas son decisiones que a simple vista podrían parecer insignificantes pero que contribuyen de una manera inigualable. Por otro lado, si se toman decisiones negativas justificándose bajo frases como «todos lo hacen» o «por una vez no pasa nada» surge la normalización de esas pequeñas faltas que van erosionando la ética individual y la confianza colectiva. De esa manera se puede resaltar que las grandes prácticas de corrupción no surgen de un momento a otro sino que muchas veces tienen su origen en acciones aparentemente inofensivas que al repetirse y aceptarse como normales terminan convirtiéndose en conductas cada vez más graves.

Para poder actuar de una manera correcta es indispensable conocer y reflexionar que ser una persona transparente va mucho más allá de decir siempre la verdad, sino que implica actuar con coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos; por lo tanto significa asumir la responsabilidad de nuestras decisiones, reconocer nuestros errores sin buscar excusas, cumplir nuestros compromisos, actuar con honestidad incluso cuando nadie nos observa. También es de nuestra responsabilidad rechazar cualquier beneficio obtenido de manera indebida, utilizar correctamente los recursos que se nos han confiado, respetar las normas que rigen la convivencia y tomar decisiones guiadas por principios éticos antes que por intereses personales.

Cuando actuamos con transparencia demostramos que la honestidad no es una obligación impuesta por la ley sino una convicción personal y que de esta manera contribuimos a formar una cultura donde hacer lo correcto deja de ser una excepción para convertirse en un hábito que inspira a otros a actuar de la misma manera.

Sin duda alguna amar a nuestro país no se limita a portar con orgullo la bandera o entonar el himno nacional sino que también implica actuar con responsabilidad en cada espacio donde nos desenvolvemos o cada vez que cumplimos con nuestras obligaciones, cuidamos los bienes públicos, rechazamos prácticas deshonestas y actuamos con integridad. Quizás en algunas ocasiones estos actos puedan parecer pequeños frente a los grandes desafíos nacionales pero son precisamente los que necesita nuestra sociedad para avanzar, porque el cambio que anhelamos no depende únicamente de quienes ejercen un cargo público sino también de ciudadanos que comprendan que servir a Guatemala comienza con la honestidad de sus propias acciones.

“Una sola gota de agua parece insignificante, pero miles de ellas son capaces de formar un río; por lo tanto de la misma manera cada acto de transparencia por pequeño que parezca contribuye a construir el cambio que Guatemala necesita que no depende únicamente de las grandes decisiones del Estado sino también de las pequeñas decisiones que cada ciudadano toma todos los días.”

Sobre el Autor: Estudiante de Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario, del departamento de Petén. Apasionada por la lectura, la historia y el pensamiento crítico.

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