y el más decepcionante, ¿están legislando con técnica o improvisando con poder?
Autor: Ingrid Julissa De La Paz – X: @JulyDeLaPaz1 – TikTok: @julydelapaz – Instagram: @_julydelapaz – Email: @ ingriddelapaz.98@gmail.com – Editorial: youngfortransparency@gmail.com
Por momentos, el problema del Congreso de la República de Guatemala no es que produzca pocas leyes, sino que produce poca confianza y eso es mucho más grave. desde 2024 hasta hoy, los números no admiten maquillaje: 36 decretos en 2024, 27 en 2025 y apenas 9 en lo que va de 2026, en total, 72 leyes en más de dos años, la discusión no es solo cuántas leyes aprueban, la verdadera pregunta es otra:
¿Qué tipo de Congreso estamos financiando?
Porque sí, financiando, son 160 diputados, sí, cada uno percibe alrededor de Q66 mil mensuales, estamos hablando de más de Q10.5 millones al mes y más de Q126 millones al año, solo en salarios, ajá, solo en eso, sin contar asesores, logística, privilegios ni el costo institucional completo.
Entonces la pregunta es: ¿vale lo que nos cuesta el Congreso? Y la respuesta, cada vez más evidente para la ciudadanía, es NO.
No cuando vemos sesiones que se caen por falta de quórum.
No cuando el debate legislativo se reduce a confrontaciones, gritos y bloqueos.
No cuando se aprueban leyes “de urgencia” sin análisis técnico serio.
No cuando pareciera que legislar es lo último en la lista de prioridades.
Porque legislar no es levantar la mano, legislar es entender, analizar, debatir y construir normas que funcionen. ¿Está pasando eso? ¿De verdad están discutiendo el fondo de las leyes o solo están negociando votos? ¿Están pensando en el país o en la próxima jugada política? ¿Están legislando con técnica o improvisando con poder?
Porque cuando una ley nace sin sustento técnico, el país lo paga.
Lo paga en incertidumbre jurídica.
Lo paga en reformas posteriores.
Lo paga en conflictos legales.
Lo paga, en pocas palabras, dos veces.
Y, aun así, el problema no parece preocuparles, tal vez porque durante años la política ha funcionado así, con baja exigencia, con poca memoria ciudadana, con reelecciones que no premiaban el trabajo sino las estructuras.
Protagonismo juvenil
Pero eso cambió, esta generación ya no es la misma, somos jóvenes, sí, pero no somos ingenuos; vemos, comparamos y cuestionamos, lamentablemente lo que vemos en el Congreso no nos representa, pues vemos diputados que llegan a pelear, pero no a trabajar, que hablan mucho, pero producen poco, que cobran como élite, pero rinden como improvisados y eso ya no se normaliza.
Porque en cualquier otro trabajo del país si no cumples, te vas, si no produces, te reemplazan, si no trabajas, no cobras, ¿por qué en el Congreso debería ser diferente? ¿Por qué el ciudadano tiene que seguir financiando un órgano que muchas veces ni siquiera logra funcionar con normalidad?
Aquí no se está pidiendo perfección, se está exigiendo lo mínimo, ¿acaso no entienden? que lleguen, que trabajen, que sostengan quórum, que legislen con seriedad y que respeten el dinero público que reciben.
Nada extraordinario, solo lo básico, pero incluso eso parece demasiado y entonces viene la advertencia que muchos diputados aún no dimensionan: el problema ya no es solo político… es generacional.
Porque hay una nueva ciudadanía que ya no compra discursos vacíos, que ya no se conforma con explicaciones débiles y que, sobre todo, ya no está dispuesta a pagar caro por resultados mediocres, si el Congreso no cambia, si no mejora su técnica legislativa, su disciplina y su compromiso real con el país, será el pueblo quien los saque, será el voto, será una generación que ya entendió que exigir no es falta de respeto, sino responsabilidad.
Así que la pregunta final es para ustedes, diputados: ¿Van a estar a la altura del país… o van a seguir apostando a que la gente olvide? Porque esta vez, no parece que vaya a olvidar, los jóvenes ya no vamos a olvidar.
Sobre el Autor: July De La Paz | M.A. en Control, Gestión y Fiscalización Gubernamental | CPA | Politóloga | Analista Política | Secretaria General Cocode Fraijanes