«El liderazgo no se inventa. Se construye con cada fortaleza que traemos.»
Por: Marolen Martínez
Premio Nobel de la Paz 1992, maya k’iche’, defensora de los pueblos indígenas, lideresa social, dirigente política, escritora, guía espiritual, educadora y referente global del liderazgo femenino con identidad: Rigoberta Menchú Tum es, ante todo, una mujer que ha elegido transformar el dolor en misión. En conversación exclusiva con Revista Mujer de Negocios, nos compartió su visión sobre identidad, liderazgo, educación y el poder que reside en cada mujer. Una entrevista que no se lee: se siente.
Identidad: la raíz que da frutos
— Doctora, ¿cómo podemos integrar la cosmovisión maya para construir organizaciones más humanas y resilientes?
Nosotros somos muy afortunados en Guatemala porque tenemos un sagrado calendario. El calendario maya, que lo he usado en mi propia vida, en mis tiempos duros y en mis tiempos de mucha turbulencia global, cada día de este sagrado calendario le inspira a uno a enfocar su vida, su trabajo y su orientación global.
Lo más importante, es la fortaleza de que nosotras mismas lo podemos hacer. Que nos sintamos orgullosas de ser mujeres, que cuidemos nuestra salud integral, que estemos al tanto para vencer las vicisitudes y los desafíos. Lo que más agobia a Guatemala, es que cada quien está buscando una salida. Y en ese buscar salida no siempre existe la voluntad colectiva.
De nuestros valores, un concepto que siempre utilizo es la Nosotriedad. Somos nosotras. Lo que usted hace y lo que yo hago, podría ser realmente un proyecto mancomunado o un proyecto que nos identifica. Y creo que nos puede dar muchas luces para que entendamos nuestro ser.
«La Nosotriedad. Somos nosotras. Nada se puede envidiar de lo que tiene otra mujer.»
— ¿Cuál es su consejo para aquellas mujeres que sienten que su identidad es una barrera y no su mayor fortaleza?
Yo, nací en Chimel, donde no hay luz eléctrica, donde se camina muchísimo para llegar a un pueblo más grande. Y lo más grande que cargamos cada una de nosotras es nuestra identidad. La identidad practicada, no solo creer, sino sentirse profundamente orgullosa de su identidad. Por nada del mundo podría decir que, ‘sacrifico un poco mi identidad para triunfar.’ Más bien, mi identidad me dio tantísimas bendiciones en el mundo, tantísimas ideas, ilusiones y proyectos.
En el caso de los idiomas, por nada del mundo podría olvidar mi idioma. Por nada del mundo renunciaría al idioma k’iche’. ¿Qué implica esa actitud? Es convicción. Mi identidad, mi idioma, mis ancestros, mi linaje, están presentes conmigo. No estoy sola. Y eso le da mucha fortaleza a uno.
«Triunfen con su identidad plena. No se preocupen, eso viene solo.»
El liderazgo femenino: de la invisibilidad al reconocimiento
— ¿Cómo ha evolucionado el liderazgo de la mujer a nivel global?

Primero, quiero rendir homenaje a las mujeres que han construido en el tiempo mucho pensamiento, mucha resiliencia, mucha capacidad de análisis, mucha visión y que de alguna manera —conscientes o no— han llevado una misión propia.
Felicito a las mujeres empresarias, empezando por eso. Creo que poco a poco se les da el derecho a las mujeres de patentarse como empresarias. Parece que antes no había mujeres empresarias. Siempre existieron. Pero el reconocimiento del liderazgo de la mujer en la política, en la academia, en la economía —global, social y local— ha avanzado.
Antes era un poquito, como satanizado la empresa femenina. Pero la inmensa mayoría de quienes manejaban las empresas eran mujeres, solo que no reivindicaban su presencia. Usted sabe que una empresa no se construye de la noche a la mañana: es gota a gota. Y es aquí donde las mujeres tienen que dar a conocer mejor sus experiencias, sus iniciativas, su esquema empresarial que funcionó y de cuantificar los errores que cometieron para demostrar cómo los superaron.
Creo que las mujeres han triunfado gracias a su sentido más profundo del ahorro. Ahorran para invertir. Eso significa un pequeño sacrificio, pero para nosotras es un gran sacrificio. ¿Por qué? Porque nos gusta también estar elegantes. Eso debe ser un ejemplo para nuestras nuevas generaciones.
«El liderazgo no se inventa en el tiempo. Son todas las fortalezas que traemos.»
— ¿Cuál es la mayor trampa que enfrentan las mujeres exitosas?
Lo peor que se ha hecho es la criminalización del triunfo. Es lo mismo que la envidia, es lo mismo que la fobia, es lo mismo que el desprecio a alguien porque sale adelante. ¿Cómo puede un ser humano despreciar a alguien porque está feliz y sale adelante?
Cuando somos testigos del triunfo de una mujer, en lugar de compartir sus éxitos, nos hemos acostumbrado a cuestionar: ‘¿En qué nos va a ayudar?’ o ‘¿Qué nos va a dar?’, cuando lo más importante debería ser: ‘¿Qué aprendemos de esos éxitos? ¿Cómo su camino ilumina el mío?’. Cambiar el egoísmo por la admiración no solo dignifica su logro, sino que nos permite crecer junto a ella.
Educación: la semilla que cambia generaciones

— En Guatemala, el promedio de niñas embarazadas es de 13 por hora. ¿Qué podemos hacer quienes ya estamos en posición de influir?
Aquí hay un Estado que no funciona. Porque si de verdad el Estado funcionara, tendría una enorme cantidad de trabajo directo para la educación. Siempre he creído y estoy convencida que la educación es una de las metas y de las apuestas más grandes de la humanidad.
Cada proyecto que impulso lleva un tremendo mensaje de educación: educación para la vida, educación para la coexistencia, educación para la plenitud de vida, educación para reconocer las culturas. Todo lo que hago tiene ese enfoque.
Tenemos un colegio en Guatemala, el Centro Educativo Pavarotti, de educación secundaria, que está ubicado en San Lucas Tolimán, Sololá. Llevamos 24 años haciendo educación para la Paz con una juventud de 12 a 14 años. Es una bendición ser testigo de la transformación que genera una educación comprometida con la realidad de la niñez indígena. En solo tres años, observamos cómo los niños y adolescentes desarrollan una chispa de apropiación cultural y autonomía; se vuelven asertivos en sus decisiones y dueños de su propia voz. Este ciclo de tres años en nuestro centro educativo, no es un periodo transitorio, sino la siembra de una raíz de identidad y valores que los acompañará durante toda su vida.
Nuestro modelo educativo en el Centro Educativo Pavarotti es «Educación para la Paz hacia una Plenitud de Vida». La educación trasciende la simple transmisión de información para convertirse en un acto de justicia y dignidad. La siembra de conocimientos va acompañada de la activación del Ruk’u’x (corazón y esencia), permitiéndoles a las y los jóvenes, reconocerse como hilos vitales en un tejido social interconectado. Al nutrir esta «semilla» con el equilibrio entre la ciencia moderna y la ética ancestral, garantizamos que las nuevas generaciones no solo habiten el mundo, sino que lo transformen desde el Raxalaj K’aslemalil (plenitud de vida), floreciendo como agentes de paz, capaces de dialogar armónicamente con la naturaleza, el cosmos y su propia identidad cultural. Lo que aquí florece es una semilla de plenitud que garantiza su integridad para el futuro.
La educación primero empieza por el respeto. No hay ninguna educación que funcione sin tener como primicia el respeto mutuo. Y lo que hay que enseñarle a la niñez y la juventud no es solo hablarles de los problemas, también es enseñarles cómo tomar una decisión en comunidad, cómo hacer una investigación propia para que no solo crean lo que se les diga, sino también cómo usar su voz para resolver y recordar que no estamos para agudizar conflictos.
«Que sepa el pequeñito qué cualidades tiene, qué fortalezas tiene, cómo va a desarrollar eso. Y así va a ser más feliz con la vida.»
El éxito, según Rigoberta

— Para usted, hoy en día, ¿qué es el éxito?
El éxito es cuando uno traza una meta y trata de ver si la meta es posible o no. Cuando uno entiende que tiene una misión en la vida. Yo tengo una misión. Para mi misión puedo usar mi voz, puedo usar mi creatividad y puedo compartir mis experiencias.
El éxito es cuando uno está realmente satisfecho, por más grave que sea el problema. Los humanos tenemos varias etapas de vida. Una es que creamos problemas para resolverlos. Muchas veces nos quedamos atascados en resolver problemas y es así como nos volvemos personas hostiles, amargadas, constantemente reciclando conflictos. Pero hay un momento en la vida en que no se trata de crear problemas: se trata de cosechar los resultados exitosos.
La persona exitosa empieza por tener una idea. Eso ya hace un avance. Luego, cómo poner en práctica esa idea: ya el segundo paso. Y tercero: que su idea prospere y salga adelante. Realmente es un propósito de vida. No hagan nada que no tenga que ver con su propósito y misión de vida.
Yo, estoy en mis 67 años de vida y quisiera que todo lo que haga tenga que ver con mi relevo generacional. Que los nuevos directores de la Fundación sean jóvenes, que tengan los carismas, que hayan crecido en el tiempo. Porque para muchos, el éxito es haber tenido tanto público… y después se muere y no solo se desvanece todo lo que un día construyeron, sino también deja un vacío, una frustración en la mente de la sociedad.
«Lo que hagamos deje una huella positiva. Eso quiere decir tener siempre una visión positiva, a pesar del entorno.»
— Si tuviera que describirse en palabras, ¿cuáles elegiría?
Tengo misión. Tengo convicción de que tengo una misión en este planeta y me está dando mucha alegría hacerlo. Nunca perdí de vista la humildad. He conocido reyes, artistas, políticos muy exitosos, empresarios que podrían cambiar el mundo. Pero muchos de ellos, han perdido su humanidad o su misión social, debemos de cultivar y mantener ese código de vida que se llama humildad.
Ser humilde quiere decir ser agradecida. Gracias, gracias, gracias. Perdón si no hice lo que tenía que hacer. Pero quiero una vida plena porque quiero ser feliz y no envidiar a nadie.
Me considero una mujer visionaria. Visionaria para los problemas del mundo, pero también para lo que uno puede construir. Las mujeres somos estrategas de por sí. Planeamos, diseñamos, investigamos, vemos lo que funciona. Tenemos un sentido natural que apuesta por el éxito.
Y soy profundamente espiritual. Me apoyo en la madre naturaleza, en las plantas, en los ríos, en los ambientes. Soy hija de Chimel —una cuna de nubes, de montañas, de espíritus. Esa parte la tengo conmigo siempre, esté donde esté.
El mensaje que no puede callarse

— ¿Qué les diría a esas mujeres que el miedo paraliza, que tienen talentos, pero no se los creen?
Que separen un poquito la parte material con su vida personal y espiritual propia. No importa que sea una abuela, una madre, una hermana: cualquier persona lo puede hacer. Cuando estamos agobiadas por la parte material, nos volvemos materialistas en exceso. Ya no se nos quita de la cabeza la deuda, lo que falta.
Que se concentren un poquito en su propia esencia como personas. Cada una de nosotras tenemos una personalidad propia, sabemos quiénes somos. Es encontrar quiénes somos. Yo lo hago: Rigoberta Menchú pública la dejo aquí… y Rigoberta Menchú que nació en Chimel, la tengo aquí dentro. No para deshacerse de los problemas, sino para sanar mi espíritu, sanar mi cabeza, mis ideas y sanar mi alma.
Pido muchas fuerzas a las fuerzas del cosmos y de la madre tierra para seguir mi camino. Y el liderazgo, el liderazgo no es que cambie el mundo, pero sí cambia conciencias. Cambia conciencias. Y si ayudamos a hacer conciencia, ese es el rol de un liderazgo verdadero.
«No hagan nada que no tenga que ver con su propósito de vida. Cambia conciencias. Ese es el rol de un liderazgo verdadero.»
En cada palabra de Rigoberta Menchú Tum habita una verdad que trasciende fronteras, generaciones y lenguas: el poder de una mujer que se conoce a sí misma es incontenible.
Hoy, en el marco del Día Internacional de la Mujer, reafirmamos nuestro compromiso de ser un espacio donde el liderazgo femenino no es una aspiración, sino una realidad que se construye cada día, con identidad, con propósito y con la certeza de que ningún sueño es demasiado grande cuando se persigue con convicción.
Que las palabras de esta Nobel de la Paz guatemalteca sean, para cada lectora, ese abrazo que ella menciona —el que no cuesta nada dar y que puede cambiarlo todo. Porque como ella misma nos recuerda: la vida no se trata de crear problemas. Se trata de cosechar.
Nosotriedad. Ese es nuestro nombre. Somos nosotras. Siendo imparables porque solas invisibles, pero juntas invencibles.
Revista Mujer de Negocios · 20 años impulsando el liderazgo femenino en Guatemala
Fotografías proporcionadas por la oficina de la Fundación Rigoberta Menchú Tum, entrevista coordinada por Aury Cuxé, Directora de Relaciones Interinstitucionales Fundación Rigoberta Menchú Tum.