yoconmigomisma

Yo conmigo misma

Son siete los elementos que determinan la atracción que ejerces  sobre los demás: qué tan accesible eres, qué tanto interés muestras, de qué hablas, qué tanto das a conocer de ti, cómo es tu energía,

cuál es tu perspectiva de la vida y qué tan atractiva eres. Si nos respondemos cada una de estas preguntas, podremos tener una mejor idea de cómo somos y nos ven los demás.

1. Sé accesible. A todas nos da miedo ser rechazadas. Es parte de la condición humana. Cuando te sientes a gusto dentro de tu cuerpo con tu lenguaje corporal, tu sonrisa y tu contacto visual expresas “soy  accesible”,  minimizas este miedo y te conviertes en una mujer abordable. Esta actitud determina si un encuentro se llevará a cabo o no. Ahora bien, es más fácil interpretar el lenguaje corporal de los demás que el propio. Así que, pregúntate: ¿cómo es  mi lenguaje corporal? ¿Es abierto?, ¿relajado?, ¿qué tanto hago sentir cómodo al otro?, ¿sonrío con facilidad?

2. Interésate por el otro. Es el gran secreto. Es lo que mejor habla de ti y la fórmula infalible para caer bien. Muestra honestamente que estás abierta a comunicarte, que eres una mujer sensible, inteligente, segura, capaz de entender qué hay detrás de una apariencia.

El interés se muestra de manera no verbal, al orientar nuestro cuerpo hacia la otra persona y verla a los ojos; de manera verbal, al llamarla por su nombre y por la forma en que te diriges a ella: haz preguntas, escucha con todo tu cuerpo y responde. Evita hablar sólo de ti. La persona se sentirá agradecida y corresponderá a tu interés. Esto puede sonar obvio, pero son detalles que descuidamos con frecuencia.

3. Sé interesante. Cuando platicas con alguien tienes la oportunidad de crear una conversación interesante o una plana y aburrida. Explora temas sobre el mundo, la vida, hechos del momento, culturales y fórmate una opinión de ellos. Cuando compartes y discutes temas actuales te proyectas como una persona interesada y enrolada en la vida. Cuando somos pasivas y mostramos poco interés en lo que sucede en el mundo, damos la impresión de ser aburridas, chiquitas y de estar metidas sólo en nuestras cosas. Es una más de las razones por las que debemos aprender e informarnos.

4. Revela algo de ti. Cuando te muestras vulnerable, cuentas alguna debilidad que tienes, una pata que metiste, cuando te ríes de ti misma, de inmediato te conviertes en una persona más cercana, más humana, y logras que el otro se sienta más confiado y a gusto para revelarte también algo de sí mismo. Y como magia, la relación se acerca. Claro que de ti depende qué tanto quieres revelar y el ritmo en que lo haces. De hecho, las investigaciones muestran que una persona que se abre, que se quita la máscara, nos cae mucho mejor que otra que no lo hace.

5. Sintonízate con la energía del otro. Además de lo que digas, influye  también tu habilidad para acoplarte a los demás. ¿Has pensado  por ejemplo, si hablas mucho, muy fuerte, muy lento o muy rápido? ¿Interrumpes a tu interlocutor? Se trata de establecer una cadencia.    Cuando tienes la capacidad de unificar tu ritmo y estilo con el del otro, harás que la conversación fluya de manera muy cómoda y, por ende, causarás muy buena impresión.

6. Sé flexible y optimista. ¿Cuál es tu perspectiva de la vida y de ti misma? ¿Los demás te ven como una mujer relajada o tensa, resuelta o apocada, positiva o negativa, flexible o rígida? ¿Te consideras superior, inferior o igual a los demás? Las mujeres difícilmente exponemos esto de manera directa; no decimos: “Soy optimista, inflexible  en algunas cosas y me siento un poco superior a los demás?”   Más bien, estas sutilezas las comunicamos indirectamente. En cada situación  podemos hacer sentir importante o inferior al otro; así, también podemos enfocarnos en la belleza y el humor o en la fealdad y la superficialidad. Tú escoges en qué te concentras y de qué platicas con los demás.

7. Siéntete atractiva. Tu presencia física también cuenta. No sólo influye tu arreglo, que desde luego es importante, sino la opinión que tienes de ti misma,  tu actitud y la manera en que te sientes dentro de  tu cuerpo. Es algo intangible y, como el bostezo o la sonrisa se contagia y afecta a los demás. Es un círculo mágico: si te sientes  atractiva, te proyectas positivamente, te ves más atractiva y los  demás se sienten cómodos en tu presencia. Si, por el contrario, te  sientes poco atractiva, los otros percibirán esa emoción negativa, les parecerás menos atractiva y se sentirán incómodos contigo.

Norman Vincent Peale,  dice: “Formula y graba en tu cerebro de manera indeleble una imagen de ti misma como una persona atractiva. Sostén esta imagen tenazmente. Nunca permitas que se escape. Tu mente buscará que esa imagen se haga real.

Así que, sonríe porque tú, yo, cada una, tenemos el potencial para desarrollar todas estas cualidades a nuestra manera y de ser profundamente atractivas.

Lee y relee la lista; basta con empezar a creérnosla para tener siempre un alto coeficiente de atracción.

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