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Sólo las mujeres empoderadas, logran ser emprendedoras

En este rincón, te doy la más cordial bienvenida a ti y todas las mujeres que alguna vez como yo, hemos aprendido a admirar en otras mujeres sus fortalezas en lugar de rebajarnos a criticarlas para sentirnos más cómodas y satisfechas de nuestra propia inseguridad.

 

Le hablo a todas las mujeres que alguna vez han dicho “mis respetos”, “qué pilas”, “qué admirable” cuando piensan en la tenacidad de Margaret Thatcher, el sex appeal de Marilyn Monroe o Liz Taylor, la humildad y elegancia de Audrey Hepburn, la convicción de Juana de Arco, los artes de seducción de Cleopatra; la determinación de Andrea Cardona, el sabor de Mirciny Moliviatis; la bravura de Sofía Gómez; el coraje de Hipathia de Alejandria; la sabiduría de Amy de “The Big Bang Theory”, la rebeldía de Madonna y ahora Miley Cirus; el talento de Merryl Streap, la fuerza de Frida Kahlo, y la dulzura que siempre vivió en las reacciones de Malala Yousafzai, durante su lucha contra los misóginos talibanes que le dispararon en la cabeza para impedirle, como a todas las mujeres en Pakistán, la oportunidad de educarse.

Ejemplos de mujeres que han sabido exigir su lugar en el mundo, hay miles. En todas las naciones, épocas y culturas, la opresión a la mujer justificada siempre por morales falsas y religiones machistas, ha sido acatada como la norma incuestionable no solo por los hombres, sino por la mayoría de nuestras colegas féminas.
Nos enseñan a odiar nuestra esencia. Nos enseñan que somos inferiores. Y por lo mismo, paramos en los cafecitos dando “aquellas pelaaadas”, a todas las que se han atrevido en una u otra forma a salirse del “guacal” en que la sociedad las metió sin nunca preguntarles su opinión al respecto.

Hay almas que le tienen menos miedo a la libertad que otras. Y es por eso que siempre que surge ese alma inconforme que se cuestiona ¿por qué el tener un par de senos, me pone por debajo en esta sociedad?, a todo el resto no les queda más que voltear a ver y prestarle atención.
La mujer empoderada siempre ha llamado la atención. Sobretodo la negativa, que busca pudrirla, regresarla al molde, callarla, casarla, y en algunas ocasiones apedrearla públicamente, o quemarla viva para que ni siquiera quede rastro de que alguna vez, un ser con tanta luz pasó por esta tierra.

Es tanto el rechazo, que las mujeres somos las primeras en caer en la trampa de destruirnos empezando por juzgar a las más valientes, a las menos cobardes, a las más seguras de sí mismas y las que no solo son bonitas sino encima “inteligentes y autosuficientes las desgraciadas”…

La mujer empoderada es la que se vale por ella misma. Tiene una actitud firme ante sus decisiones, no permite que sea influenciada de forma negativa. Admite sus debilidades pero las convierte en fortalezas.
Ella tiene sus metas, y traza su plan para lograrlas porque tiene confianza en sí misma y en su capacidad.

Ella con sus medios se prepara, no con el objetivo de ser más que el hombre, sino de convertirse en la mejor versión de ella misma: En la versión más sana, más astuta, más fuerte, más sexy, más guapa, más lista, más compasiva, más dulce, más sexual, más mujer, más madre…

Mejorar el acceso a la educación de las niñas y adolescentes, luchar por nuestra dignidad, defender nuestra libertad y denunciar los casos de machismo provenientes de mujeres y los de violencia contra la mujer cometidos por los hombres, son algunas acciones que todos podemos adoptar para contribuir a que en Guatemala cada vez sean más las madres y mujeres empoderadas. Ah! Si: Y la más difícil pero que más urge: ¡Dejar de pelar a las que ya lograron empoderarse!

Solo la mujer empoderada puede emprender su propia vida.

Gloria Álvarez
Facebook/GloriaAlvarez
ga@mcn.org.gt

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