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Síndrome de la abeja reina

Un riesgo para tu empresa advierten que este padecimiento daña la salud de la líder y del personal a su cargo por lo que pone en riesgo el talento de una organización.

 

Nadie duda de los grandes y comprobados beneficios que da a las empresas tener mujeres al frente de puestos directivos, tales como hacer más rentable a la organización, ya que por su percepción e intuición son excelentes negociadoras y conciliadoras; tienen una gran habilidad para enfrentar entornos diversos y manejar crisis, además de que gracias a su sentido multitask, también son buenas administradoras de tiempo y dinero, esto sin contar que por naturaleza cuentan con un alto sentido del compromiso, la responsabilidad y la dedicación. Por todo esto, el sexo femenino dentro y al frente de una compañía es sinónimo de éxito, pero ¿qué pasa cuando una de estas maravillosas mujeres sufre del síndrome “queenbee” o “abeja reina”? Según especialista, la salud del personal a su cargo, la propia salud de “la abeja reina” y el talento de una empresa podrían estar en riesgo.

Este síndrome es definido como la tendencia de algunas mujeres, que han alcanzado posiciones en áreas por tradición dominadas por hombres, a sentir que lo han logrado por méritos propios sin ninguna consideración especial a su sexo. Su característica principal  (poco sana según especialistas) es que procuran no ahorrar a otras mujeres los grandes esfuerzos que ellas padecieron para llegar al puesto de responsabilidad donde están; sacan gloria y beneficio de ser minoría en su ámbito. Además, su equipo más cercano está integrado sólo por hombres, de ahí la alegoría de ser “la única en el panal”.

Al respecto, existen varias opiniones que pueden explicar el origen y desarrollo de este comportamiento que puede darse tanto a nivel corporativo,  político y hasta académico. Según los expertos, está más relacionado con el aspecto social que con el psicológico, debido a la ardua competencia que desempeñan las mujeres en este mundo patriarcal, por lo cual puede explicarse desde las mismas exigencias del entorno.

“Las mujeres tienen que competir en un mundo de hombres, por ello tienden a masculinizarse y adoptar el papel de uno de ellos. Es una máscara que adoptan y que juegan bien, por eso cuando están en lugares de poder tienden a ser agresivas y hasta violentas con las mismas mujeres, esto porque muchas veces tienen que mostrar fortaleza y ser poco sensibles, como una forma de supervivencia”, explica Jesús Felipe Uribe Prado, Doctor en psicología y profesor investigador.

De esta forma, lejos de usar su jerarquía para cambiar las reglas del juego y evitar que otras padezcan lo que ellas vivieron han preferido mantener la situación que las vio ascender, con cual también evitan la posibilidad de ser desbancadas.

El origen

Tal como se muestra en la naturaleza,  donde la abeja reina es única en la colonia, mientras que las abejas obreras son mayoría y trabajan a su servicio, la “queenbee” en una organización suele ser una mujer con gran éxito profesional, pero no permite que otra mujer alcance los mismos logros, es una persona en extremo perfeccionista y controladora.

Según la doctora Anabell Pagaza, Psicoanálisista y Psicoterapia, una “abeja reina” vive con una constante tensión, porque “tiene que ser perfecta en todo”. Pasa horas agotadoras en el trabajo para no perder la posición que tanto  valora  por el reconocimiento que esto implica.

“Son personas profundamente estresadas, con temor a equivocarse y con altos niveles de depresión, problema que suele complicarse más cuando son mujeres casadas y con hijos, porque trasladan a la “abeja reina” a la casa y entonces quieren ser la súper esposa y mamá, quieren tener hijos perfectos y es que son tan exigentes y poco sensibles que en el caso de los maridos, ‘no les dan el ancho’, por lo cual tienden a lastimar mucho la vida de quienes la rodean”, agrega Pegaza.

Asimismo, tienden a menospreciar el trabajo de las mujeres que están a su cargo, las hacen sentir que no pueden con su trabajo, que todo el tiempo se equivocan y en general, el mensaje siempre es “no eres capaz”.

El génesis de este fenómeno puede relacionarse con cierta incomprensión a estas mujeres, ya que para llegar a estos puestos de poder no sólo tuvieron que pelear con más fuerza y nunca ser ‘normales’ sino ‘superdotadas’: “El nivel de exigencia a estas mujeres es mucho mayor que el de un hombre, lo cual las hace muy competitivas, aunque a veces incontrolables. Sin embargo, esto no justifica los niveles de estrés que ejercen sobre sus subalternas y el menosprecio a su trabajo sólo por estar por debajo de ella, ni es razón para no dar oportunidad a gente de su mismo sexo.

“El comportamiento social de poder y dominio con moderación y respeto son normales, pero el exceso, a nivel relaciones humanas deriva en comportamientos antisociales o anticívicos, situación que ocurre a las ‘abejas reinas’”, afirma el doctor Uribe.

Para este padecimiento también hay una explicación psicológica, ya que de acuerdo con la doctora AnabellPegaza, “Este tipo de mujeres no tuvieron la mirada masculina del padre cuando eran niñas, entonces quieren volverse la súper mujer ante el ojo masculino de la empresa. Otra causa puede ser que en el fondo están vengando a sus madres sumisas, ya que, por lo general, son hijas de madres muy devaluadas. Una tercera hipótesis es un trastorno narcisista de la personalidad”, afirma.

Consecuencias

Este síndrome puede desencadenar graves problemas de salud, como psicosomáticos, gastritis, migraña y presión arterial alta, porque viven en un constante estrés y con mucho sufrimiento, ya que toda su valía y autoestima está puesta en la posición que ocupan dentro de una empresa, por eso el miedo a perder lo que han logrado.

Y es que en el fondo son mujeres profundamente tristes, temerosas e inseguras. Su apariencia es de exitosas y vencedoras en un mundo masculino, aunque lo que en realidad buscan, la mayoría de las veces, es el reconocimiento del hombre.

En tanto, para las empleadas, sufrir este tipo de violencia ocupacional trae fuertes secuelas en la salud, que van desde dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, familiares, infartos, parálisis en cuerpo o cara, nervios, insomnio y disfunción sexual, ya que el miedo a no desarrollar bien su trabajo o ante la imposibilidad de ascender las hace desistir.

Este fenómeno para una empresa implica perder talento.   Cuando se va una persona hay que sumar no sólo el costo de contratar a otra, también el tiempo que se tarda en el reclutamiento y la capacitación, que en cualquier organización es mínimo de tres meses, tiempo en el cual la empresa no recibirá  lo que aportaba la persona que se fue, y es que más que dinero son oportunidades.

De igual forma, el especialista afirma que otra forma de detectar este problema en una empresa es cuando ciertas decisiones de contratación están en manos de la directora y nunca escoge a mujeres. “Cuando una empleada detecta este conflicto, una posible solución es acudir a Recursos Humanos y plantear el problema, así como las actitudes y motivos para sospechar de este conflicto. Por su parte, el encargado del área debe corroborar esto y prestar especial atención a los equipos liderados por mujeres, donde no haya equidad de género”, asegura. Para atacar este problema, se debe que buscar ayuda terapéutica profesional para encontrar el origen del miedo y trabajarlo.

Aunque en nuestro país no existen estadísticas y pudiera pensarse que este problema no es común, lo cierto es que cada día se incrementa y que no podemos tolerarlo, pues resulta absurdo que no conforme con lo difícil que resulta ganar terreno en sectores “de hombres”, también entre mujeres haya rivalidad y competencia desleal.

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