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Prospectiva Electoral 2011

Las elecciones del 2011 serán recordadas como el ejercicio más extenuante que vivió el sistema legal-electoral del país. La estrategia de los políticos desbordó los límites obvios de la legalidad y apostó a explorar el compromiso con la ley de candidatos, jueces y magistrados. El sistema electoral quedó exhausto y el trabajo de castigar a quien violó la ley llegó en las urnas: el candidato beneficiado por las turbas agresivas, ni siquiera pasó a la segunda ronda electoral.

Ese es el antecedente más visible de una disputa legal electoral prolongada (2003) cuando tras repetidas e ilegales presiones, la Corte de Constitucionalidad ordenó inscribir al general Efraín Ríos Montt. Era éste el candidato del partido de gobierno y la pasividad de las autoridades para controlar el caos llevó a prisión al director de policía de ese tiempo.

Para el 2011, el panorama no luce muy tranquilizador. De hecho la prolongada discusión en torno a las candidaturas polémicas ya tiene un costo grande para el sistema político. Quedó en evidencia la relatividad del respeto a la ley, porque la campaña comenzó prematuramente y las multas ordenadas por ello causaron más hilaridad que temor; posteriormente hubo cuestionamientos a los reportes en propaganda, al grado de provocar pena ajena las cifras reportadas. Y mucho más grave que todo esto junto, resultó el aparecimiento de candidaturas o insinuaciones de las mismas a pesar de las expresas prohibiciones constitucionales.

A estos problemas hay que sumar un dato adicional: el discurso y la acción política alcanzó los niveles más confrontativos vistos en los últimos 15 años, porque si bien siempre ha habido acusaciones entre contrincantes, al menos en otras oportunidades hubo más propuesta puntual que los ejemplos actuales. Hoy la mayoría de organizaciones políticas se limitaron a hacer enunciados y propuestas sustantivas, y se cuidaron –o no lograron- hacer ofrecimientos concretos. Los más aguerridos discursos usaron con centro de propuesta la lucha entre pensamientos antagónicos, olvidando que para los votantes esas “piezas de oratoria” fueron como oír llover.

Para quienes aun guardan una esperanza en que la política salvará el futuro de la nación, las elecciones del 2011 plantean un desafío cuasi filosófico: ¿está la política en Guatemala sirviendo para algo? Los votantes suelen argumentar a favor del sistema, haciendo el lógico contraste con lo que sería no tener partidos ni sistema electoral. Más en el fondo, todos saben que el modelo está retrocediendo y las cualidades que había acumulado, quedaron reducidas a ceniza tras una campaña accidentada y plena de desafíos a la ley y a la ética.

En lo personal, creo que la democracia como sistema puede funcionar en casi cualquier situación. Tropieza cuando los hombres y mujeres que hacen política pierden el horizonte y se proponen abatir las condiciones legales para imponer su voluntad. Estos son los líderes que reclaman derechos propios pero no dudan en violar el derecho plasmado en justicia. Y sin duda, eso lo sabe y comprende cada vez más el elector.

Por eso es que estas votaciones llaman al ejercicio más intenso de cuanto ocurre en el mundo político doméstico. En la recta final se evidenciarán las limitaciones profundas que tienen los señores políticos, porque serán ellos quienes maquillen una realidad inocultable, plena de ambiciones, limitaciones y, por contraste, carente de principios.

El mundo observa con cierto grado de rubor los hechos periféricos del proceso. Ven las entrevistas en televisión y no dudo que califiquen por los suelos el desempeño de varios aspirantes al poder. Escuchan las críticas que muchos políticos hacen a la prensa, y entienden la intención y dimensión de las bufonadas contra los medios.

Es tiempo de hacer un alto en el camino. Con las votaciones a la vuelta de la esquina, el proceso parece haberse consumado. Aunque se intuyen los resultados, se desconoce el rumbo que la nación tomará en las actuales circunstancias, porque el descuido de los partidos ha sido de tal magnitud que las listas de aspirantes a cargos públicos quedaron diezmadas luego de la revisión del Tribunal Supremo Electoral; muchos candidatos no se dieron por enterados de los requisitos de ley y al final quedaron excluidos de las papeletas electorales.

Las votaciones del 2015 deberán diferenciarse enormemente. Los ciudadanos deberemos reclamar el apego a la ley por parte de todos. La asimetría de la justicia –dígase electoral, penal, administrativa o del tipo que usted prefiera) es una piedra de toque para el desbalance de poderosos y peatones. Sin ese punto de equilibrio, el progreso se limitará al momento mismo de la tabulación de resultados, cuando se sepa quien comienza a tomar la delantera. Más, en términos políticos y sociales, el país deberá exigir no quedar en deuda con las generaciones futuras.

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