liderazgo

Modifica tus actitudes y conductas

Llega a la mejor solución, modifica tus actitudes y conduductas. Así como un buen mapa nos puede facilitar encontrar el camino, una buena actitud nos puede ayudar a desenvolvernos en el mundo que nos rodea. 

Es como una guía flexible y abierta que nos permite analizar la misma situación desde muchos puntos de vistas y generar diferentes respuestas ante cada situación.

 

Nuestras actitudes son los lentes con los que vemos todo lo que nos rodea, como dice Robert Dilts – cocreador de la PNL-, “las actitudes son los filtros a través de los cuales percibimos la realidad”. Nuestras actitudes no son los únicos filtros que utilizamos, los sistemas de representación (visual, auditivo y kenestésico, es decir, cómo recogemos y almacenamos la información a cada momento), también función como filtros de la enorme cantidad de información según el canal sensoral preferente y prestan más atención a unos canales que a otros. Las actitudes juzgan y valoran la información y la filtran en función de la etiqueta que le hallamos asignado, dependiendo de nuestros aprendizaje del pasado: bueno o malo, aceptable o inaceptable, etcétera. Si realizas el siguiente ejercicio, te puedes dar una idea de cómo funcionan las actitudes de nuestra vida. Si tienes a tu cargo un área, imagínate que éstas a punto a entrar a tu junta semanal y antes de comenzar piensa: “Es posible conseguir resultados con las personas de mi área o si quiera llamar la atención”. Y ahora pregúntate: ¿Qué ideas te vienen a la cabeza?, ¿qué clases de cosas te estás diciendo?, ¿qué sensaciones y sentimientos te provocan? Fíjate en qué parte del cuerpo localizas esta sensación y dónde comienza y termina la sensación de incapacidad. Anota en un papel tus impresiones y pasa a realizar la segunda parte del ejercicio. Ahora, utilizando el mismo ejemplo vuelve a situarte mentalmente en ese momento, justo antes de esa junta con tu gente y piensa esta vez: “Tengo los recursos suficientes para conseguir los mejores resultados con las personas de mi área”. Y ahora pregúntate: ¿Qué ideas te vienen a la cabeza?, ¿qué clases de cosas te éstas diciendo?, ¿qué sensaciones y sentimientos te provocan? Fíjate en qué parte del cuerpo localizas esta sensación y dónde comienza y donde termina la sensación de logro. Anota en un papel tus impresiones esta vez y nota las diferencias. ¿Cuál de los dos pensamientos te ayuda a generar más soluciones?, ¿cuál te ayuda a ser más eficaz y a conseguir más y mejores resultados?, ¿cómo respiras, te mueve s y actúas cuando crees que tienes los recursos suficientes para conseguir los mejores resultados?

ETIQUETAS DE NUESTRO PENSAMIENTO Los expertos de la programación Neuro-lingüística (PNL) sostienen que un “estado” es una configuración neuronal que asumimos ante un momento dado y cómo los pensamientos, la fisiología (movimientos y respiración) y actitudes crean respuestas y resultados diferentes. Una frase a partir de la cuál cambié mi vida es la de un escritor llamado Aldous Huxley: “Las experiencias no son lo que nos pasa a los seres humanos hacemos con lo que nos pasa”. Y éste es al final de cuentas el verdadero reto de cada día en todos los contextos de nuestra vida. Les ponemos etiquetas a las cosas, y esas etiquetas dirigen nuestro pensamiento en un sentido o en otro. Cuando nos encontramos ante algo que hemos calificado como “interesante” nuestras reacciones son muy diferentes a las que tenemos cuando calificamos algo como “ABURRIDO”. Las etiquetas que le ponemos a la realidad son de muchos tipos. A grandes rasgos podemos distinguir tres categorías: 1. Por una parte tenemos las opiniones que formamos sobre la realidad exterior. (Por ejemplo “los niños son ruidosos, el ruido es molesto”).

2. Después tenemos las opiniones que formamos sobre nosotros mismos, sobre nuestra identidad (“dibujo muy bien”, “soy una persona nerviosa”).

3. Por último, formamos valores y escalas de valores, que son los que nos permiten decidir que es más importante y establecer prioridades. Muchas veces nuestros conflictos internos se deben a los conflictos entre valores del mismo nivel. (por ejemplo, “necesito dedicarle más tiempo a mi trabajo” puede entrar en un conflicto con “necesito dedicarle más tiempo a mi familia”).En cualquiera de estas tres categorías nos encontramos con que las actitudes se identifican con aquellas ideas que podemos expresar verbalmente y de las que somos consientes, pero si entendemos las actitudes como los filtros que hacen que prestemos atención a unos aspectos de la realidad y no a otros, es fácil darse cuenta de que muchos de nuestros filtros no se expresan verbalmente, sino que los asumimos de forma implícita. Muchas de nuestras actitudes están fuera de nuestro nivel de atención consciente, lo que quiere decir que reaccionamos ante ellas sin siquiera darnos cuenta. Puede suceder incluso que esas actitudes implícitas estén contraposición con las ideas que defendemos conscientemente. Cuando más rígidas sean nuestras creencias menos dispuestos estaremos a aceptar los datos que las contradigan o a considerar puntos de vista alternativos, y más difícil será que encontremos maneras diferentes de actuar. LAS ACTITUDES Y LA CONDUCTA: Las actitudes no son lo mismo que la conducta pero desde luego influyen en ella. Por eso Robert Dilts añade que las actitudes, además de filtrar nuestra percepción, nos dan pautas de conducta. Alguien que piense que tiene mal oído musical y cree que no toca más allá puerta es poco probable que intente aprender a tocar cualquier instrumento musical. Si por el contrario, esa persona considera que es una buena gimnasia es probable que le dedique tiempo y esfuerzo a esta actividad y destaque en ella. Y tú, ¿con qué actitudes y palabras decides programar cada uno de tus días a partir de ahora?

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