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Los secretos de una buena conversación

Los secretos de una buena conversación – I parte

Las reglas son básicas y las habilidades fáciles de aplicar. Todos las conocemos, pero quizá no siempre las recordamos o las aplicamos. Comparto contigo los secretos que todo buen conversador sabe:

 

1. Escucha su nombre. Al presentarte, escucha con atención el nombre de la otra persona, y trata de recordarlo para que pue¬das intercalarlo durante la plática. “Oye Pedro, esto que me dices suena muy interesante.” Recuerda que no hay mejor sonido que escuchar nuestro nombre. Te puedo garantizar que la per¬sona quedará encantada y la habrás hecho sentir importante.

2.Dale seguimiento. Si la persona agrega algo después de decirnos su nombre, nos da pie para seguir por ese camino: “Soy Luis Velasco y ésta es la primera vez que estoy aquí”, o “soy primo de Carla (la anfitriona)”. Cuando seas tú quien se presenta, procura agregar siempre algo de información para facilitar la plática.

3. Míralo a los ojos. Esto es muy importante, porque cuando no vemos a los ojos expresamos una falta de interés total en el otro, Asimismo, ver el reloj, quién entró, con quién vino, son distrac¬ciones normales que debemos evitar, si lo que deseamos es que la persona se sienta a gusto y converse con nosotros.

4. Evita ser categórico o impositivo. Las personas que se expresan como si fueran las dueñas de la verdad nunca caen bien, aun¬que sean muy sabios. Evita usar las palabras “deberías de, yo que tú, estás mal”, aunque tu intención sea buena. Recordemos que entre la concurrencia, posiblemente haya algún otro espe¬cialista en el tema. La conversación debe ser un diálogo, no un monólogo, es decir que debemos abrirla para que intervengan en ella los demás. Seguro aprendemos algo nuevo.

5. Permite que el otro bable. ¿Cuántas veces podemos caer en el error de apasionarnos con nuestro tema y sostenemos un monólogo que quizá a los demás no les parece tan interesante? Tal vez con un poco de soberbia pensamos que somos los únicos que tenemos algo importante que decir y hablamos en primera persona sin parar. Iniciamos todas las frases con: “yo, mi, me, a mí, conmigo”. Y no damos oportunidad a que el otro hable, porque jamás se nos ocurre decir la frase mágica “Oye, ¿y tú?”

6. Comparte algo de ti. Si te abres un poco y compartes algo de ti, se facilita que el otro también lo haga: “A mí las fiestas me intimidan un poco.” Con esto invitas al otro a tener una comu¬nicación sincera. Y por ende interesante.

7. Sé sencillo y directo. Hay personas que dan mil rodeos para decir algo, o se desvían en cada punto de su conversación por lo que perdemos el hilo de lo que quería decir. Es como las personas que para ir de México a Acapulco pasan primero por Tijuana. ¡son desesperantes! Por lo general lo hacen cuando saben que tienen capturada la atención de los demás y tardan horas para hacer su relato. No hay como una persona que se expresa en forma clara, sencilla y sin rodeos. “Menos es más…” Esto lo decía el arquitecto Ludwig Mies Van Der Rohe. Y asimismo se aplica a la conversación. No hay nada como la sencillez.

8. Pregunta. Una manera inteligente de hacer sentir importante al otro es plantear una idea y preguntarle su opinión para dejar el diálogo abierto. “A ti ¿qué te pareció la decisión que tomó el presidente?”, “tú ¿cómo ves el asunto de los maestros’

9. Haz preguntas abiertas. “¿Por qué decidiste cambiar de com-pañía?” o “¿cómo es que conociste a Connie y a Manuel (los anfitriones)?” Si preguntas algo que el otro pueda resolver con un sí o un no es como entrar en un callejón sin salida. Por ejemplo: ¿Te gustaría ir al cine? La conversación fluye mejor cuando las preguntas comienzan con: “¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?” “Si quieres persuadir, habla con los oídos muy abierto-dice un proverbio árabe.

10. Escucha. Para establecer una buena conexión con la otra perso¬na, interésate en toda la información que te ofrezca. Para que esto sea posible, deja de pensar en ti, en lo que vas a decir. Resiste la tentación de aconsejar, de contestar o de corregir. Evita que te gane el enojo, aunque no te guste lo que escuchas. Mejor concéntrate en el otro: ¿Qué piensa, siente, quiere y ne¬cesita? Escúchalo con sensibilidad. No escuches sólo sus pala¬bras, escucha sus silencios, lee entre líneas, atiende su tono de voz, observa cada movimiento de su cuerpo ya que es lo único que no se puede fingir. Una buena conversación se parece a un partido de tenis. La pelota y la atención están en un lado de la cancha para después pasar al otro. Ésta es la clave para agradar siempre. Sin embargo, recuerda siempre que quien domina la conversación no es el que habla, es el que escucha.

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