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Independencia económica de la mujer arma contra la violencia

La violencia contra la mujer constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos del género.

 

Sometimiento, discriminación y control son las principales formas de violencia que sufren las mujeres en todos los ámbitos de su vida en nuestro país. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) las mujeres que carecen de poder económico son las más vulnerables a sufrir violencia; sin embargo, ninguna está exenta de sufrir violencia, ya que desde los estratos más humildes hasta los más poderosos hay incidencias de este tema.
El que una mujer tenga cierta independencia económica por lo menos brinda mayores herramientas para salir del círculo de violencia al que pueda enfrentarse. La mujer en pobreza es la más vulnerable, aun cuando tristemente todas las mujeres de todos los estratos son susceptibles a distintos tipos de violencia, pero ellas son las más vulnerable porque tienen la violencia del Estado, la ausencia de autoridad, la violencia de su pareja o sus familia, de su comunidad, porque son las que menos derechos tienen ya que no acceden a educación, a espacios de trabajo remunerados, e incluso suelen ser vendidas.  Si la violencia contra la mujer terminara con su empoderamiento, no habría tantas cifras, pero creemos que el crecimiento y la superación de los retos tiene que ser de manera integral.
Que las mujeres hablen sus historias sirve a las demás para identificar si están en la misma situación, pues no siempre están conscientes de lo que viven, porque como es un tema cultural, si están inmersas en este tipo de violencia, difícilmente lo identifican.
El incremento estadístico pudiera estar reflejado con una mayor conciencia de las mujeres a lo que están viviendo, a sus condiciones, a su derecho de no ser violentadas y a la descomposición que se vivió en algunos estados por el tema del combate a la delincuencia organizada, lo que genera en las familia un problema económico o el que algunas de las partes de la familia se quede sin trabajo, las presiones cotidianas junto con el ambiente que se está viviendo pudo haber provocado el lamentable incremento en la violencia.
En 1975, la ONU declaró el Año Internacional de la Mujer cuando celebró la Primera Conferencia Internacional de la Mujer en la Ciudad de México, donde las participantes propusieron el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, la sugerencia se hizo oficial durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1977.

Por cada 100 mujeres de 15 años y más que han tenido pareja o esposo, 47 ha vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual durante su actual o última relación.
Las agresiones más ampliamente experimentadas por las mujeres, son las de carácter emocional, 43.1% ha vivido –al menos una vez a lo largo de su relación- insultos, amenazas, humillaciones y otras ofensas de tipo psicológico o emocional.

De acuerdo con la ONU, siete de cada 10 mujeres en el planeta sufren golpes, violaciones, abusos o mutilaciones a lo largo de sus vidas.

Según la agencia ONU-Mujer, ese problema es universal y prevalece en todos los países, pese a constituir una flagrante violación de los derechos humanos. Guatemala junto a El Salvador son de los países más violentos contra la mujer.  A finales del año 2013, se registraban  unos 696 asesinatos de mujeres en Guatemala, mientras que el Ministerio Público (MP, Fiscalía) recibió más de 40.000 denuncias de violencia intrafamiliar que incluyen agresiones físicas, económicas, sexuales y psicológicas. Según la Oficina de Naciones Unidas para las Mujeres (ONU-MUJERES), 14 de los 25 países con mayor tasa de feminicidios se encuentran en América Latina y Guatemala incluye esa poco afortunada lista.

En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 25 noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La violencia contra las mujeres y niñas constituye un problema de proporciones pandémicas.
Al menos una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido maltrato, ha sido forzada a mantener relaciones sexuales o ha padecido algún tipo de abuso a lo largo de su vida, generalmente por parte de alguien conocido.

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