FUTBOL-1

Hay mujeres que amamos el fútbol y no somos raras.

En ocasiones  también hacemos  lo imposible por ver cada partido de la Selección y conocemos las  nóminas de los principales equipos de las ligas más importantes. 

Bajo esta premisa cabe preguntarnos  ¿A los hombres les gustan las mujeres que saben de fútbol? ¿Qué tan cómodos se sienten al compartir su pasión por el fútbol con una mujer? ¿Encarna el futbol la verdadera esencia masculina? ¿Hay mujeres capaces de ver solas un partido? ¿Las mujeres que juegan ese deporte han perdido su femineidad?  Ellas son las compañeras ideales para los fanáticos y aficionados  que sudan como locos la camiseta.

Escribo esto una tarde  mientras tomo café. Cada dos segundos volteo a mirar el televisor que está en un canal deportivo. Hay fútbol italiano,  amistoso pre mundial.      Les hablo a los jugadores, jueces y técnicos indicándoles qué deben hacer y mando callar a los narradores cuando dicen incoherencias.

Aún en estos días, si una mujer   opina de deportes es ante los ojos de los fanáticos  masculinos una invasora de su espacio, territorio que han cultivado por años. Ellos saben de estadística, recuerdan partidos y jugadas con exactitud, además se sienten identificados porque tuvieron un balón entre sus piernas desde muy pequeños y entienden en carne propia qué pasa en la cancha. Son los mejores técnicos en sus juegos de video y han comprado las camisetas de sus equipos favoritos. Cualquier cosa que escuchen de una mujer no la sienten veraz de primera mano.

También existe la creencia de que las mujeres amantes del fútbol somos un grupo de machorras constipadas que no podemos mantener la compostura y mucho menos vernos femeninas. No logran imaginarnos arregladas, en unas mallas y tacones, como si fuéramos la red del campo de juego esperando el gol. Ellos se lo pierden. Encontrar un fan del fútbol al que se le pueda criticar a su Millonarios del alma sin que se ofenda, es casi tan difícil como contestarle a una mujer si se ve gorda con un vestido.

El amor por una camiseta es bonito, pero más bonito es el amor al fútbol, un amor que, pienso, trae consigo el sentido crítico. Entonces las posibilidades de encontrar a alguien con quien compartir este gusto se minimizan de manera considerable.

Debemos estar conscientes de  todas las cosas que se aprenden del comportamiento humano con solo ver un partido; como  el Poema al fútbol, de Quique Wolf,   sin el fútbol, no sabe a ciencia cierta qué es el amor, el dolor, el placer, el cariño, la solidaridad, la poesía, la humillación, la amistad, el pánico, la soledad, el egoísmo, el arte, la música, la injusticia, el odio y la vida misma. Como diría el arquero de Argelia, novelista, ensayista, dramaturgo, y premio nobel en literatura Albert Camus: “la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”.

En mi caso comencé a ver fútbol por mi papá, porque desde niña me llevo a los campos de futbol a verlo jugar, y teniendo una conexión más allá de los genes y yo querido aprender de él.  Lo que pudiera parecer un deporte sencillo, e incluso hasta infantil, es en realidad una compleja actividad humana en la que la competición se muestra en su estado más puro.   En el fútbol no hay términos medios: o se gana o se pierde. La tabla de clasificación de un campeonato es el juez más severo que existe y solo los que muestran unas cualidades excepcionales pueden hacerse con el triunfo.

El fútbol es un deporte apasionado. En el terreno de juego es donde mejor se aprecia como pasión necesitamos cada uno de nosotros para alcanzar los objetivos deseados.   La pasión es un elemento fundamental en este deporte, al igual que en el mundo de los negocios. Y lo más importante es que si aspiramos a alcanzar grandes metas, la pasión puede ser uno de nuestros mejores y más importantes activos. Es importante señalar que la pasión y el creer en algo están intrínsecamente unidos. No es posible apasionarse con algo si no estamos comprometidos con ello en cuerpo y alma y esto no es algo que pueda trasladarse fácilmente desde un entrenador (directivo) a un jugador (empleado). De manera que si creemos firmemente en algo, ya sea un club de fútbol o una organización, la pasión seguramente surgirá de forma natural.

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