Ellas en la elección

ELLAS en la ELECCIÓN

Julio Ligorría Carballido/ Consultor y estratega internacional

www. julioligorria.com

Si alguna duda quedaba sobre el peso que las mujeres han ganado en la toma de decisiones nacionales, el proceso electoral de este año marca un hito: votarán más ciudadanas que ciudadanos. Al menos eso es lo que se espera luego de que en el padrón electoral se inscribieron 52% de guatemaltecas, convirtiéndose ellas en mayoría por primera vez desde 1945-1950, cuando la ley avaló el voto femenino.

El avance de la mujer en todos los campos sigue imparable. Puestos clave en la administración pública –Fiscal General, Contralora General de Cuentas de la Nación, directora del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, Presidenta del Tribunal Supremo Electoral-, cargos de renombre a nivel internacional –desde el premio Nobel de la Paz hasta la presidencia de varias comisiones internacionales- y dos candidatas presidenciales y otra vicepresidencial, retratan el gran momento del género. Son conquistas memorables, todas ellas dependientes de la capacidad y la calificación personal de distinguidas ciudadanas quienes, desde tribunas profesionales, gremiales, políticas y de liderazgo en su más pura expresión, asumen la responsabilidad de ejercer cargos que hasta ahora eran casi coto exclusivo de los varones. No hay registro histórico de que tantos cargos públicos clave hayan sido ejercido por damas; y mucho menos, pensar en que a simultáneamente con la responsabilidad del cargo, exista la coincidencia de tantas electoras.

No creo en las casualidades. Es altamente probable que el número de electoras se haya dado con un poquito de ayuda del partido oficial y sus programas de Cohesión Social, el cual de alguna manera presionó para que las beneficiarias se inscribieran en el padrón como electoras y se vieran impulsadas a habilitarse legalmente para votar. La leyenda urbana de estos tiempos dice que se está manipulando y condicionando el voto de las damas; yo digo que al final de cuentas, ese tema será uno más de los tantos que danzan alrededor de un proceso electoral y que en el momento oportuno, las y los electores verán su conveniencia ante la papeleta y harán la elección de ello derivada.

Si la leyenda urbana tiene algo de cierto, debemos tomar en cuenta algo que sociológicamente hace noticia: es la primera vez que tenemos más electoras que electores. En el perfil político del país, ese dato es un importante avance, porque retrata el interés de género para entrar abiertamente al juego de empoderar a alguna o varias de las opciones.

Sumemos a esto el tema de las damas al frente de los órganos controladores de la persecución penal, el control de cuentas del Estado, la investigación médico legal científica y la tutela del proceso electoral y se queda ante un cuadro digno de revisión y análisis. Algo bueno debe tener para el país que las ciudadanas estén tan activas. Lo he señalado en varias oportunidades: ha sido tanta la espera de una oportunidad de éste calado, que las damas harán el máximo esfuerzo posible por demostrar que están capacitadas, que son confiables y además, que tienen valores agregados intangibles en comparación con los varones.

Una ruta de responsabilidad:

Votar es uno de los principales derechos políticos de los ciudadanos. La única condicionante válida es el interés personal, familiar, de grupo, comunitario y de nación –en ese orden- para que el o la electora tenga el derecho a tomar la mejor opción. Y esa mejor opción siempre se orientará hacia quien mejor represente sueños, aspiraciones y propósitos políticos.

Justo es mencionar que dentro de la estrategia de campaña se aboga siempre por plataformas conceptuales y programáticas estandarizadas –es decir, sin sesgos sino con contenidos que atiendan las necesidades de la sociedad en general– . Se recomienda esto para prevenir la tendencia al clientelismo y hacer una aplicación que, al igual que la ley y los programas de gobierno, no discriminen por razones de género, raza ni cualquier otro factor de distorsión.

Sin embargo, cuando se corre un proyecto electoral como el actual, la tarea de captación del voto merece un capítulo particular para presentar los programas desde la óptica del interés de género femenino. Hay muchos temas que tienen una interpretación particular de acuerdo a edad, actividad, entorno social y familiar.

El electorado femenino merece especial atención mediante un esfuerzo informativo dedicado a ellas, no por discriminar a los electores varones, sino por un tema vinculado directamente al mapa de los votantes para esta oportunidad: si se conservan las proporciones, serán más votos orientados desde la óptica femenina que la masculina.

Quiero pensar en que el compromiso cívico de ambos grupos es similar. Desde mi punto de vista, tan valioso es el voto de una mujer como de un hombre; el de una persona joven, como el de una madura. Y eso porque ante la ley no hay distinción y todos ellos cuentan en la suma final. Sin embargo, cuando abogo por informar de la mejor manera posible a las electoras, es porque veo en esta coyuntura histórica un momento clave para mejorar la calidad de la participación de ellas en todo proceso. No sólo en las elecciones, sino en la toma de decisiones de toda categoría, porque a medida que más nos involucremos como sociedad lograremos reducir los márgenes de error en la toma de las grandes decisiones nacionales.

Responsabilidad del liderazgo de género:

Estos avances de las guatemaltecas ante el tema del gobierno y el ejercicio del poder –sí, votar es la manifestación más simple del poder– implica no sólo una decisión, sino una responsabilidad cuyo efecto dura cuando menos cuatro años.

Para que esta oportunidad no pierda consistencia, lo indispensable es tener claridad en un tema: con mujeres colocadas en posiciones clave del gobierno y en las papeletas electorales, la posibilidad de cambiar los términos de referencia para las y los ciudadanos es inmejorable. Es éste el espacio propicio para hacer el esfuerzo e introducir una nueva forma de comunicar planes de gobierno. Al mismo tiempo, es la gran oportunidad para aumentar el peso que tienen los valores propios del sentir y actuar femenino en el campo político.

Los mismos criterios deberían regir la actuación de las damas en los cargos clave de la administración pública. Las guatemaltecas que están al frente de los organismos controladores pueden convertirse fácilmente en la inspiración para que muchas niñas y adolescentes se involucren más y se preparen mejor para la gestión y ejercicio del poder. Y eso, en términos sociopolíticos, señala hacia un suave cambio de época, porque se suma a la serie de cambios que la sociedad guatemalteca va teniendo.

Algunos datos sobre el voto femenino:

  • Nueva Zelanda es reconocido como el primer país en legalizar el voto femenino en todo el mundo. Esto ocurrió en 1893. Le siguieron Australia, 1902; Finlandia, 1906; Dinamarca, 1908 -sólo para damas mayores de 25 años y que pagaran impuestos- ; Noruega, 1913, y Uruguay, aprobado desde 1917. Irlanda, Polonia. Georgia y Rusia autorizaron el voto femenino en 1918; Islandia, Luxenburgo, Alemania y los Países bajos, en 1919, y Albania, Estados Unidos, Austria y Checoslovaquia, en 1920.
  • En Estados Unidos se autorizó primero el voto femenino que el voto universal. Ellas tuvieron acceso a las urnas antes que los grupos discriminados por raza.
  • Uruguay fue el primer país latinoamericano en autorizar el voto femenino; ellas votaron por primera vez en 1927 para el plebiscito del Cerro Chato. Fue el sexto país del mundo donde las mujeres votaban.
  • El 60% del padrón electoral en Santa Rosa, departamento de Guatemala, son mujeres.
  • En el padrón electoral de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, hay 100,000 mujeres más que varones listas para votar.
  • En México, las mujeres también dominan el padrón electoral: hasta el 17 de junio sumaban el 51% de los votantes aptos para elegir autoridades.
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